A Mariña Lucense


Galicia, regalo del cielo, placer de cinco sentidos;
tus rías, tus cabos, las Cíes y el Miño,
de Bares a Guarda y de Fisterra a Freixido.
percebes, cigalas y, para brindar, ... Albariño.

                                           
No creo que desvele a nadie la excelencias gallegas; sus bellas costas; sus campos; sus fiestas; las meigas -que haberlas haylas- y para combatirlas, las queimadas; su pulpo a feira; sus empanadas, rellenas de cosas riquiñas, riquiñas; aquellos que  "uns pican e outros non", los calditos gallegos calentitos, cuando la chuiva hace que el frio se meta dentro; los vinitos blancos, muy muy fresquitos -Ribeiro, Albariño-; su marisco -o mellor do mundo-; y las filloas, ¡uy, las filloas!, ambrosía de dioses. Pero lo mejor, mejor, su gente: amable y hospitalaria con el foráneo; muy entrañables, aunque a veces te contesten "¿y por qué quieres saberlo?" si les preguntas si creen que lloverá mañana.
  

La Manga, paraíso enladrillado

La Manga
La Manga está enladrillada, quien la desenladrillará, el desenladrillador que la desenladrille, buen desenladrillador será. Bonito trabalenguas y más bonito sería si se pudiese hacer realidad. Pero mucho me temo que el crimen inmobiliario cometido, no tiene solución.

la Manga es una estrecha franja de silueta sinuosa, de 24 kms de largo y medio de ancho -lo que más-, que encierra la laguna de agua salada llamada Mar Menor y la separa del Mar Mediterráneo. Es decir, la elección del agua (de características totalmente distintas: salinidad, temperatura y oleaje) en la que le apetecería bañarse no depende nada mas que dirigirse a la derecha o a la izquierda.

Cartagena


Con motivo de las graves consecuencias del seísmo acaecido en la localidad de Lorca el pasado mayo, la Asociación de Guías de Cartagena organizó una serie de visitas guiadas por su centro histórico, sin costo alguno estipulado, pero en el que se daría la voluntad y cuya suma iría íntegramente a apoyar económicamente la recuperación de la ciudad de Lorca.

La Unión, minería y cante


La Unión

Con una población que ronda los 18.000 habitantes, La Unión tiene su asomada marinera por la localidad de Portman (Portus Magnus romano), antiguo enclave residencial y portuario del imperio.

 La reseña de La Unión comienza por las citas de escritores griegos y romanos sobre las excepcionales reservas de mineral que contienen las entrañas de las sierras, en las que hay vestigios de la explotación de las minas desde tiempos inmemoriales.  Las sucesivas civilizaciones intentaron aprovechas las galerías utilizadas por su antecesores, ampliándolas o abriendo otras  nuevas, en la búsqueda del valioso mineral. Por el Puerto de Portmán se exportaban lingotes de plata, plomo, hierro, zinc y otros minerales

Fiesta del Grito 2011 - Embajada de México en Madrid

Como cada 15 de septiembre, el Embajador de México en España abre las puertas de los jardines de su residencia para que la colonia mexicana, reunida, pueda dar su GRITO en la distancia.

Al otro lado del Atlántico y salvando la diferencia horaria, Calderón, su Presidente, gritaba, micrófono en mano  desde el Zócalo de la capital mexicana: ¡Viva México!, ¡Viva México! ¡Viva México!

Cuando viajar se convierte en arte y tú en un "ciudadano de un lugar llamado mundo"

Viajar es la suma de lo que se deja detrás y lo que se va  encontrando hacia y hasta destino. Es la jornada. Es aquello que te permite ver tu propio mundo y lo que te rodea desde una perspectiva diferente. Es un ejercicio que debe hacerse, por corto que sea el viaje.

Viajar es salir con una maleta medio llena de casa, con todo tu bagaje adquirido y heredado -fobias, filias, ideas preconcebidas, acervo cultural, etc.- y cada experiencia, cada vivencia va haciendo variar su contenido, añadiendo elementos nuevos, modificando los adquiridos o desechando los inútiles. De esa manera, el contenido de la maleta será, cada viaje, un poco más transigente, más tolerante, más inteligente y, sobre todo, MAS LIBRE.

Diversidad, ... la cara más emocionante del viaje. Hay sitios muy distintos; huelen de otra manera; la lluvia, la tierra, la luz, los sabores, los edificios, los valores y las costumbres. Apasionantemente distintos. Escuchar diferentes voces, diferentes lenguas, diferentes formas de hablar inglés: unas veces excitante, otras preocupante, pero siempre enriquecedor.

Mi primer viaje transoceánico fue en diciembre de 1966; parece que fue ayer.México-Madrid. Cumplí los catorce en la capital madrileña. El viaje tenía un leit motiv fundamental: sería la parte práctica de aquella teoría que desde que tengo uso de razón, mi padre se había encargado de inculcarme: el amor por aquella España que dejó en los años cincuenta a la búsqueda de una vida mejor.

Era emocionante venir al viejo continente, donde se había desarrollado más del 80% de todos los acontecimientos de mi libro de historia. Aquellos más de nueve mil kilómetros de vuelo -los primeros de mi vida- fueron ya en sí una experiencia; pero ya en tierra vendrían muchas más: conocer familia allegada, que hasta ese momento eran nombres nada más; iglesias, ... muchas iglesias,... góticas, renacentistas, incluso románicas; cigalas, buen jamón; un tren que recorría la ciudad bajo tierra y del que pronto me sentí el ama; chocolate -a la española, muy caliente y espeso-, ah y con churros, ¡qué buenos!; villancicos, por todos sitios; cucuruchos de castañas calientes, que servían también para calentar las manos en el duro invierno; más iglesias,... todo... muy distinto.

Mi padre había cumplido su objetivo: España había calado profundamente por cada poro de mi cuerpo. Sin embargo, encontraba muchas contradicciones, aunque no lo comprendiera hasta bastantes años después. El primer choque, fue llegar a una Andalucía, donde el común de los mortales pronunciaba "sapato", igual  que mis compañeras de colegio en México, y a mí, en casa, se me reprendía por hacerlo, pues eso no era un "correcto español". Muchas cosas llamaban mi atención: una isla, que era española, se hablaba el español, pero ondeaba la bandera británica; un país monárquico, pero que no tenía rey; un gobierno militar unipartidista, pero que aquel diciembre 1966 convocó un referéndum para que el pueblo dijera SI a las leyes orgánicas;...

Mi último viaje. Sudáfrica. País que engancha, gente que enamora.Naturaleza en estado puro. Yo, como tanta gente, metía Sudáfrica en el saco de los países del tercer mundo; una mezcla de jungla, desierto y sabana; nada más lejos. Sudáfrica es hoy un país con unas infraestructuras y unos servicios a la altura de cualquier país del primer mundo y donde todo funciona como un reloj -herencia británica, supongo-. Un país que, con mucho esfuerzo, ha logrado salir del yugo de su trágico pasado, apenas hace dos días; con una transición ejemplar y única en todo el planeta tierra. Con un MANDELA, que hay que escribir obligatoriamente con mayúsculas y quitarse el sombrero. Pero una nación, a la que le queda todavía un largo recorrido; sigue siendo un país de negros, donde los únicos que viven bien son los blancos. Pero saldrá adelante, su gente bien lo merece.

Entre el primero y el último, muchas ciudades; todas con su "aquél"; ciudades, lugares y gentes que me han sorprendido y seguro que me seguirán sorprendiendo: cómo puede una civilización construir palacios en la cima de una montaña a 400 m de altura y más de 2.400 m sobre el nivel del mar, como lo hicieron en Machu Pichu, sin tener una lengua escrita, ni unas matemáticas avanzadas; el Mar Muerto, el sitio más bajo del mundo; los farallones de Phuket en Tailandia, las Pirámides de Egipto, Pamukale, la Capadocia en Turquía; los atardeceres de Kenia, el Partenón de Atenas, las cataratas de Iguazu o las Victoria y tantos y tantos rincones de nuestro planeta que están esperando para sorprendernos y tantas y tantas gentes, que en cada viaje, me han ido enseñando, cómo ser un poco mejor "ciudadana de un lugar llamado mundo".



Dubai (Capitulo I)

Leí en una ocasión una frase, no recuerdo de quién, que aseguraba que lo mejor de cada viaje era el reencuentro con tu vieja y familiar almohada. Pues bien, ya estoy de vuelta de mi gran viaje a Sudáfrica y me he reencontrado con mi almohada de siempre.

Cuatro saltos intercontinentales, nueve vuelos y, de vuelta, drásticos cambios: atrás quedan los desayunos de huevos fritos, bacon, fruta, zumo, bollos y en los que invertir menos de una hora es casi una ofensa y han sido sustituidos por café y tostada con tomate, en diez minutos, porque no hay tiempo para más; ya no saludamos en la calle con un gesto de la mano al ocupante del coche con el que nos cruzamos; los niños ya no me dicen adios según voy pasando, ya no me preguntan cómo estoy cuando entro en un comercio o me cruzo con un vecino; creo que he vuelto a la civilización, o así lo catalogan ¿¿??

Memorias de Sudáfrica (Capítulo II): Durban, Umhlaga, Howick y Pietermaritzburg

Domingo, 31 de julio

Vuelo Dubai-Durban, nueve horas. Me reafirmo en mi opinión de Emirates como línea modelo de aviación. Un simpático malagueño que trabaja como asistente de vuelo nos contó su vida y cada vez que tenía un rato libre venía a pegar la hebra con nosotros: expatinador artístico, lo dejó todo y se vino a vivir a Dubai. La ilusión de su vida: irse a residir a Corea, según él, el mejor país del mundo.

Llegamos a las 17 h. y caminando por los pasillos hacia Inmigración pudimos contemplar uno de los famosos ocasos africanos. Sencillamente, embrujador. Cuando salíamos de coger las maletas, ya era noche cerrada.

Recogimos nuestro coche en Hertz, un Seat Picanto en el que no nos cupieron ni las dos maletas detrás. Los inconvenientes de coger todo siempre lo más barato, bueno,… no siempre. En esta ocasión me da igual, porque vamos a estar seis días estables en Durban, pero me preocupa que en el resto del viaje nos den un coche tan pequeño, pues no sería conveniente llevar a la vista una maleta en el asiento trasero todo el tiempo. Ya veremos.

Nuestro resort está en Umhlaga, una población turística que está a unos 20 kms. A priori, parece que tiene buena pinta. Ya veremos mañana, de día.

Memorias de Sudáfrica (Capítulo III) Parque Kruger

Sábado, 6 de agosto

Esta mañana me he levantado con un dolor de cabeza demencial, vomitando y con colitis. ¡Qué iba a ser de mí! ¡¡¡Con un vuelo en puertas!!! Pero ahí estaba mi Mr. Proper particular para solucionar todos los problemas de mi vida. Dos pastillas y un papelillo, me lo cortaron todo de raíz y a la hora estaba como nueva.

Vuelo Durban-Nelspruit en un avioncito pequeñín, que se movía más que los precios, pero que nos llevó sanos y salvos. Hoy el día ha amanecido nublado y con un frío notorio; aunque no era nada comparado con el que hace en Graskop cuando ha anochecido, llevamos más capas encima que las cebollas.

El aeropuerto es lo más rústico y acogedor que haya visto en aeródromos. Una sola cinta, una sola salida, una sola puerta,… Recoger coche de alquiler, este es un Ford en el que nos caben las dos maletas detrás y nuestro Tomtom, que cumpliendo con su obligación, nos trajo hasta nuestro hotel en Graskop, donde teníamos hecha reserva. Lo recomiendo sin lugar a dudas a todo el que pase por aquí. Una suite, al estilo victoriano, que no tiene desperdicio, por 55 euros con desayuno y garaje incluidos; la bienvenida no ha podido ser más acogedora y cariñosa; como si se tratara de unos parientes lejanos que vienen de visita. Os aseguro que no os arrepentiréis. Autumn Breath

Memorias de Sudáfrica (Capítulo IV) Johannesburg

Viernes, 12 de agosto

 Nuevo madrugón, pues nuestro vuelo salía a las 11. La puerta del camp y del Kruger no las abren hasta las 6 y estábamos a 100 kms de distancia, entregar coche de alquiler, tramites, etc. Había que aligerar si queríamos llegar a tiempo.

El vuelo, de British Airlines, en un avión chiquitín de hélices, pero cómodo y nos dieron de desayunar abundantemente (Iberia debería tomar nota).

Llegamos a Johannesburg, Joburg como lo llaman los locales, y estoy convencida de que nos dieron la primera clavada: el taxi nos cobro 460 Rands; esto es, unos 52 euros de vellón. Desde los Mundiales de fútbol del año pasado, el tren une el aeropuerto con la ciudad (100 Rands cada uno más el taxi desde la estación más cercana a tu destino final, con maletas, no parece suuponer mucho ahorro y menos teniendo en cuenta la inseguridad del lugar).

Memorias de Sudáfrica (Capítulo VI) Ciudad del Cabo y alrededores


Lunes, 15 de agosto


Cape Town
El vuelo Vic Falls-Johannesburg salió con una hora de retraso, por lo que perdimos el enlace con el de Cape Town. Tuvimos que comprar nuevos billetes, que salieron incluso más baratos que los iniciales (688 ZAR, unos 74 euros los dos).


El paso por Hertz también fue problemático, pues nos daban un coche tan pequeño, que no nos cabían las dos maletas en el maletero y al ir en recorrido por toda la costa, no nos hacía gracia llevar la maleta viéndose por la ventanilla. Pero el empleado, con la amabilidad que caracteriza al sudafricano, no paró de enseñarnos modelos y probar con cada uno de ellos, hasta que cupieron las dos maletas.



Zimbabwe/Zambia (Capítulo V) Cataratas Victoria

Viernes, 13 de agosto

Hoy madrugón nuevamente. Nuestro conductor nos recogería a las 8 de la mañana. Cuando me preguntó la encargda de la guest house, a qué hora queríamos que estuviera el desayuno preparado y contestarle que a las 07:30 estaría bien;  puso el grito en e cielo. Ni hablar, me contestó,  esto es Africa y las cosas toman su tiempo. Tendríamos que estar a desayunar  a las 7. Así se hizo. El desayuno fue toda una delicia, cuando bajamos ya tenían encendida la chimenea (el día anterior habíamos estado a mas de 25 grados, pero la gente va con gorros de lana, medias gordas, terciopelos y panas; es invierno y hay que vestirse de invierno) y todo preparado: vajilla de época victoriana y cuidado con un mimo extremado. Un diez para Claires of Sandton.

Nuestro vuelo de British nuevamente, Johannesburgo-Livingstone, como programado.

Las Cataratas Victoria están compartidas por Zambia y Zimbawe y las separa el río Zambesi.Miden 1,7 km de ancho y 108 m. de alto.Su caudal puede variar entre 300 y 5.000 metros cúbicos por segundo, ¡¡¡cinco millones de litros!!!!! dependiendo de que la época sea seca o lluviosa. Fueron descubiertas, en 1855 por Livingstone y las bautizo con el nombre de la reina Victoria, aunque actualmente y en el idioma local son conocidas como Mosi-oa-Tunya (el humo que truena). En 1989 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  Las vimos un momento, desde el coche al pasar. Sin palabras.

Memorias de África - Tips, costos, etc. (Capítulo VII)

Algunos tips útiles:

  • El problema que más preocupa al viajero, en su viaje a Sudáfrica, es la seguridad. No temáis nada, en ningún momento tuvimos sensación alguna de inseguridad. Bien es verdad que no tentamos a la suerte y no paseamos por la ciudad pasadas las 18 h., entre otras cosas porque no hay absolutamente nada que hacer.
  • Las carreteras son estupendas, no vimos ninguna temeridad. Es más, normalmente se conduce por el carril que hace las veces de arcen para dejar pasar al que va más deprisa. La educación vial es exquisita. Se da las gracias cuando te dejan pasar, encendiendo las luces de warning y las "denadas´" con una ráfaga. Si la carretera es de un carril de ida y un carril de vuelta, sobre todo en zonas tranquilas, se saluda con la mano al que viene de frente.