A Mariña Lucense


Galicia, regalo del cielo, placer de cinco sentidos;
tus rías, tus cabos, las Cíes y el Miño,
de Bares a Guarda y de Fisterra a Freixido.
percebes, cigalas y, para brindar, ... Albariño.

                                           
No creo que desvele a nadie la excelencias gallegas; sus bellas costas; sus campos; sus fiestas; las meigas -que haberlas haylas- y para combatirlas, las queimadas; su pulpo a feira; sus empanadas, rellenas de cosas riquiñas, riquiñas; aquellos que  "uns pican e outros non", los calditos gallegos calentitos, cuando la chuiva hace que el frio se meta dentro; los vinitos blancos, muy muy fresquitos -Ribeiro, Albariño-; su marisco -o mellor do mundo-; y las filloas, ¡uy, las filloas!, ambrosía de dioses. Pero lo mejor, mejor, su gente: amable y hospitalaria con el foráneo; muy entrañables, aunque a veces te contesten "¿y por qué quieres saberlo?" si les preguntas si creen que lloverá mañana.
  
                                                            
        
Si después de este párrafo no te han entrado unas ganas locas de hacer una escapada gallega y has dejado de leerme para preparar el atillo, te contaré la mía en los tres días y medio que nos proporcionó la madrileña fiesta de Santa María de la Cabeza.

No es que presuma de conocer toda, toda Galicia, pero sí casi toda su costa y nos quedaba el balcón del Cantábrico: A mariña lucense.

Jueves, 8 de septiembre

Salida a medio día de Madrid y del tirón hasta Ribadeo. 582 kms. de cómoda autovía. Llegamos a una bulliciosa población, donde me atrevería a asegurar que estaban todos sus habitantes en la calle. Pronto supimos la respuesta: estaban en fiestas patronales en honor de Santa María del Campo, su patrona. He de confesar que me gusta una fiesta de pueblo más que a un tonto un lápiz, por lo que sería un valor añadido al viaje.

Iglesia de Ribadeo
Casa Villarronta y su
clientela esperando mesa
Ribadeo
Buscar hotelito y a la calle rápidamente. Ya era de noche y la feria empezaba a ponerse de bote en bote. Caminamos hacia el centro y en la calle San Francisco, no sé, ... como si campanillas imaginarias nos llamaran a lo lejos, continuábamos buscando dejando atrás muchas terracitas que tenían bastante buena pinta. Al llegar al número 7, mucha gente concentrada; ¿manifestación?, ¿velatorio y no caben en la casa? ¿reunión de comunidad de vecinos? ¡No, qué va! gente esperando para conseguir una mesa para cenar. Casa Villarronta; una tasquita con unas pocas mesas dentro y menos aún fuera. Algo tiene,.... a esperar toca. O muy barato o muy buena calidad o ambas cosas. Lo averiguaríamos; lo que sí captamos durante nuestra espera es la organización,  que les permite rentabilizar el tiempo de manera pasmosa: dos listas de espera -una de dentro y otra de fuera-; en el momento en que una mesa pide la cuenta, se llama al primero de la lista, que tiene que decir, ... de pié, lo que va a querer comer; levantarse los de la mesa en cuestión y servir lo que van a comer los que se sientan a continuación es todo uno. Listo. Definitivamente la calidad es lo que provoca tanta gente esperando      (precio en orden). La meca del pulpo y los calamares. Tomad nota, merece la pena.
Orquesta Palladium

A la feria. Que a estas alturas, estaba ya concurridísima, con todos sus parroquianos vestidos con sus mejores galas. Un escenario, de esos muy de pueblo (que conste que no es peyorativo, mas bien al contrario), con muchas luces y hielo seco para acrecentar la atención. La Orquesta Palladium haría las delicias del personal -entre el que nos incluimos- con boleros, cumbias, salsas, pasadobles y hasta el Soy Minero de Antonio Molina.

Viernes, 9 de septiembre

Ribadeo
Ribadeo es el enclave separado de Asturias por el espectacular Ponte dos Santos y el río Eo. Posee un bonito casco histórico, conformado tanto por casas populares de marineros y caserones de familias pudientes que denotan un tiempo pasado de esplendor. La ría que forma tiene 10 kms. de longitud y una anchura que varía entre los 1.500 y los 700 metros.

Ayuntamiento Ribadeo

Casa dos Morenos (Ribadeo)
La plaza de España es el centro neurálgico de la población y en ella se encuentran algunos de sus singulares edificios: el Ayuntamiento, del siglo XVIII, conocido como palacio del Marqués de Sargadelos o la Casa dos Morenos, de 1914, con una impresionante cúpula.

Ya en la calle San Francisco, la Colegiata Iglesia de Santa María del Campo, reconstrucción de un convento franciscano del siglo XIII, que sufrió los desmanes de la desamortización.

Merecen también mención especial, la Torre-Pazo de Cedofeita; el edificio de la antigua Aduana; la casa do Patín, que es la construcción civil más antigua de la villa y que sólo conserva la fachada y el Mercado Municipal, aunque este es ya de 1935.
Ribadeo
El promontorio sobre el que está asentada la villa hace que las calles que conducen a su puerto tengan una considerable pendiente; no dejéis por ello de visitarlo, pues merece la pena; además, para subir, a la vuelta, tenéis un ascensor que os lleva hasta el Mirador de La Atalaya, con una panorámica de la ría espectacular.

As Catedrais
As Catedrais
Por ningún motivo se debería pasar de largo, en vuestro camino hacia el oeste, por As Catedrais, una de las playas más impresionantes y bellas de nuestro país -sin ningún género de dudas-. Procurad ir en hora de bajamar, que es cuando se ve en todo su esplendor, de otra forma sería en balde la visita y, de hecho, no se puede acceder a la playa. El nombre es obvio, semejan, enteramente, catedrales góticas con su arbotantes, que algunos pueden medir hasta 30 m. Al final de la playa, tras caminar una decena de metros, se puede contemplar la escena más espectacular, todos los arcos en fila.
As Catedrais

San Martiño de Mondoñedo (Foz)
Iglesia San Martiño de Mondoñedo (Foz)
A Rapadoira (Foz)


Foz, siguiente localidad. Lo más destacable de la villa es la Iglesia de San Martiño de Mondoñedo, que está a 5,5 kms. Parroquia prerrománica, levantada en varias tandas entre los siglos X y XII. En ella se guarda el sepulcro de San Gonzalo -según cuenta la leyenda, obispo capaz de hundir barcos vikingos, a golpes de avemarías- (¡Qué maravilla si tuviéramos un San Gonzalo hoy en día!); en 1914 se abrió su tumba y apareció, se dice, su cuerpo incorrupto, con báculo y anillo obispal. Desde el Monte Guruguru se tiene muy buenas vistas de la ría de Foz (dirección Burela por la carretera de la costa).

A Rapadoira, es la estupenda playa de Foz, de un kilómetro de largo y allí comimos, muy bien, en el Restaurante Las Brasas (calle Islanova).

Viveiro
Viveiro. Indudablemente es el pueblo de más importancia de la Mariña lucense; tiene hasta periódico propio. Está situada en la ría de su nombre, entre la desembocadura del Landrove y el Monte San Roque. Viveiro ha tenido épocas de gran esplendor y de hecho los romanos hicieron de ella un recinto amurallado, que la defendía de piratas y epidemias, pero no del fuego, de los que ha sufrido unos cuantos.
Ponte - Viveiro

Cenamos en una pulpería, en la avenida Cervantes (al principio, a mano derecha), recomendado por un asiduo de la zona, que estaba bastante bien.



Sábado, 10 de septiembre

Pasear por Viveiro es una auténtica delicia: la callexa das Monxas, el Paseo de la Fachada, que da al río.

Covas
Paseo de la Fachada - Viveiro
La playa de Viveiro es Covas y es la ribera opuesta. En ella hay numerosísimos hoteles de todas las categorías, pero pretendíamos no tener que coger coche y aunque un puente comunica una con otra, nos pareció bastante distancia y decidimos dormir en algún hotel céntrico. El Hotel Orfeo está en un enclave privilegiado, sobre todo para aquel que le toque habitaciones con vistas a la ría; no tuvimos esa suerte.

Ponte da Misericorcia (Viveiro)
Algo de lo primero que verá el visitante es el Ponte da Misericordia; de origen romano, aunque muy reformado en el siglo XV. El nombre le viene por la cercanía a la capilla de La Misericordia, que guarda la venerada imagen del Ecce Homo; a ella acuden de toda la comarca el primer viernes de marzo, a pié, incluso de rodillas.

Ya os he hablado de que Viveiro estaba totalmente amurallado; de aquellas murallas sólo se conservan tres de las puertas: la de Valado (romana), la de la Vila (siglo XIII) y la de Carlos I, con arco de medio punto central, seis troneras, tres torrecillas y, por supuesto, el blasón de Carlos I.
Iglesia y claustro de San Francisco
Viveiro

Viveiro
Iglesias destacables, dos: la de Santa María del Campo (calle Felipe Prieto), la más antigua de la villa, con el Convento de la Concepción detrás y muy cerquita se encuentra una reproducción de la cueva de Lourdes, donde los fieles depositan sus exvotos de cera y que es, cuanto menos, curiosa; y la Iglesia de San Francisco (Avenida de Cervantes), con claustro adosado y que ha sido declarado conjunto Histórico-Artístico.
Ayuntamiento Viveiro

Su Plaza Mayor -como todas- antes llamada de la Constitución, de Alfonso XVIII y del Generalísimo, presidida por una estatua de Nicomedes Pastor Díaz, diputado por La Coruña, Secretario del Banco de Isabel II y ministro y entre otras cosas, dejo bonitos versos a la tierra gallega.
ría de Viveiro

La ría de Viveiro, al estar rodeada de montañas, favorece el que existan enclaves como el Mirador de San Roque, junto a una ermita, en la cima del monte, a 357 metros. Desde este punto se pueden contemplar impresionantes vistas de Viveiro y el valle del Landro. Tenéis un restaurante arriba, que tiene muy buena pinta.


Estaca de Bares
Estada de Bares
Aquí termina la parte costera de a mariña lucense, pero era temprano y seguimos a Estaca de Bares, punto más septentrional de la península ibérica y donde técnicamente comienza el Atlántico. Se llega al faro, donde se deja el coche y tras un paseo, no cómodo; por rocas,... se llega al punto final, donde se impone la foto de rigor con la inmensidad del océano detrás. Porto de Vares  es un pueblecito marinero, muy tranquilo, con playa circular y sin gran explotación turística.

Porto do Barqueiro
Porto Barqueiro
Ante la disyuntiva de seguir hacia Coruña o volver a dormir en Lugo para seguir hacia Madrid de vuelta al día siguiente, optamos por la segunda opción. A siete kms. de Bares y buscando un sitio para comer, nos encontramos con un tesoro escondido: Porto do Barqueiro. Puertecito pesquero, escalonado y perdido, rodeado de pinares, donde, entre sus actividades, además de recrearte la vista, está la de alquilar una piragua, cuando el mar lo permite.

Porto Barqueiro


Restaurante Sobreposta - Porto Barqueiro
Mi guía recomendaba un restaurante llamado Estrella de Mar, pero estaba cerrado -no sé si permanente o momentáneamente-, pero comimos más que bien en A Sobreposta, con una terraza impresionante.

Como planeado, llegamos a Lugo y tras buscar un hotelito medianamente decente, nos dirigimos al centro y para suerte nuestra había una especie de concurso de tapas, huelga decir, cómo se esmeraban cada uno de los bares y restaurantes por ser el mejor.

Domingo, 11 de septiembre

Ya conocíamos Lugo y, sin embargo, nos quedaban cosas por descubrir, entre otras, el recorrer la muralla por arriba.

Murallas de Lugo
Las murallas de Lugo son Patrimonio de la Humanidad desde el 2000. Son romanas y del siglo III. En dos ocasiones -1814 y 1905- estuvieron a punto de derribarlas y no lo hicieron, afortunadamente, por falta de presupuesto. Varias son las puertas que abren la muralla al extrarradio: Puerta de Santiago (sólo utilizada antaño por canónigos y sus criados); Puerta del Obispo Aguirre; Puerta de San Pedro; Puerta de la Estación; Puerta Falsa; Puerta de San Fernando; Puerta Nueva; Puerta del Obispo Odoario; Puerta del Carmen; cada una de una época distinta.


Catedral de Lugo
Rozando la muralla a la altura de la Puerta de Santiago, encontramos la monumental catedral de Lugo. Fachada barroca e interiores románicos. De ella destaca el pantocrátor del tímpano de la Puerta Norte y su capitel con los apóstoles. En su interior la muy venerada Virgen de los Ojos Grandes, que mide 1,78 m. de piedra policromada, probablemente alabastro. El coro y el retablo son también piezas de gran valor.



Puerta San Pedro (Lugo)
Casino de Lugo
Ayuntamiento de Lugo
Su Plaza Mayor, donde antiguamente se vendía el pescado (siglos XVI y XVII) destaca por su amplitud, fruto de la desamortización, pues de aquí se derribó el Convento de las Recoletas. En la actualidad destacan edificios como el del Ayuntamiento, con reloj, escudo y soportales (reloj que por cierto se construyó para el Ayuntamiento de Málaga y al final terminó aquí); el Colegio de los Padres Franciscanos, edificio blanco con un espigado pináculo; y el Círculo de las Artes o Casino, dónde se celebran los bailes de carnaval, por todo lo alto. Aquel domingo había una especie de mesas, cada una con algún juego de habilidad; de aquellos de la infancia de nuestros padres, como llevar el aro, la rana y muchos más, todos artesanales.

En la Plaza del Campo, los domingos, montan un pequeño mercadillo de "cosas viejas" y aquí me han tocado mi punto flaco. Me pasé tanto tiempo ojeando libros viejos y eligiendo cuál quedarme por "cuatro perras", que se nos echó la hora de comer encima y donde quería hacerlo era un tanto complicado; por ello, Lugo, debería esperar a otra ocasión para una visita más en profundidad.

Sin embargo, no olvidéis que Lugo es muchísimo más y tienes un centro histórico sin desperdicio ninguno.

Casa Grande da  Fervenza
Parque Fluvial (Lugo)
Había leído que a 11 kms. de Lugo existía un parque fluvial paradisíaco declarado Reserva de la Biosfera y en aquellos parajes había un hotelito-restaurante del siglo XVII, donde se comía estupendamente y aquello me había sonado a música celestial. Fue complicado el llegar (O Corgo, cerca de páramo), aun con GPS, pero no nos defraudó, Casa Grande da Fervenza es una bonita mansión con un restaurante acristalado, muy pequeñito. Comimos francamente bien. Después de comer dimos una vuelta por los alrededores, donde hay una caída de agua y el río, el Miño, el que recorre tres provincias y separa dos países.

Comenzaba a llover y sería mejor volver. De vuelta a Madrid de nuestra escapada gallega.


Septiembre 2011