Dubai (Capitulo I)

Leí en una ocasión una frase, no recuerdo de quién, que aseguraba que lo mejor de cada viaje era el reencuentro con tu vieja y familiar almohada. Pues bien, ya estoy de vuelta de mi gran viaje a Sudáfrica y me he reencontrado con mi almohada de siempre.

Cuatro saltos intercontinentales, nueve vuelos y, de vuelta, drásticos cambios: atrás quedan los desayunos de huevos fritos, bacon, fruta, zumo, bollos y en los que invertir menos de una hora es casi una ofensa y han sido sustituidos por café y tostada con tomate, en diez minutos, porque no hay tiempo para más; ya no saludamos en la calle con un gesto de la mano al ocupante del coche con el que nos cruzamos; los niños ya no me dicen adios según voy pasando, ya no me preguntan cómo estoy cuando entro en un comercio o me cruzo con un vecino; creo que he vuelto a la civilización, o así lo catalogan ¿¿??

En fin, No creo que el momento estelar del reencuentro con mi almohada haya sido lo mejor del viaje; sin embargo, sí que estoy disfrutando el ponerme frente al ordenador a contaros mis andanzas, que me está haciendo recordar cada momento vivido.

29 de julio

Dubai
Dubai
Dubai, junto con Abu Dabi y otros cinco estados más, conforman lo que hoy se conoce como Emiratos Árabes Unidos, gobernados por un emir, con plenos poderes y carácter monárquico y hereditario. El actual emir es el jeque Mohammed bin Rashid; es Vicepresidende de la EAU y está casado con la hija del rey Jussein de Jordania.

Dubai era antiguamente una pequeña población pesquera, hasta la llegada al poder de la familia Maktoum, que sigue gobernando el emirato hasta el día de hoy. Durante muchos años y hasta 1971, fue un protectorado británico, al que se sometieron a cambio de que acudieran en su defensa ante ataques otomanos y de piratas. A partir de ese año se creó la Federación de los Emiratos Árabes Unidos, al poco de haber encontrado fuentes de petróleo en sus costas, que cambiaron totalmente el emirato y conformaron la nación de alto desarrollo que es hoy.

No soy una economista y, por tanto, no puedo por menos que quedarme con la boca abierta ante esta ciudad que es una de la más desarrollada del planeta, "The fastest growing city", como se autodenominan; pero parece que llevan camino de ser la madre de todas las burbujas inmobiliarias. Un compañero me definía Dubai como el mejor ejemplo del derroche energético: construir una ciudad inmensa, sin agua, en medio del desierto; y traerlo todo, a base de billetes,.... Puede que tengan razón y todo sea un espejismo que termine en un debacle de proporciones gigantescas,... como todo en Dubai.

Nuestro vuelo con Emirates ha sido pura placidez. Salida y llegada como programadas, atento servicio, buena comida, pantalla individual, que te permite un entretenimiento hecho a la medida (películas en muchísimos idiomas -incluido el olvidado español en cuanto cruzas una frontera-, música para todos los gustos, juegos interactivos, etc.) y sitio, el justito, como todas, en turista, claro; otro cantar es primera.

Siete horas a Dubai. El aeropuerto moderno desde todos los puntos de vista: arquitectura, tecnología,…, y, con las ampliaciones que están realizando, en 2012, será el más grande del mundo. Llaman la atención las mujeres y niñas con burka y bolsos de marca. Es la una de la madrugada cuando cogemos un taxi, todo rosa, con una conductora, también vestida íntegramente de rosa –incluidos unos guantes de lana, rosas- (estamos a esta hora de la madrugada a 29 grados).

La impresión que da la ciudad de noche es espectacular, edificios que se pierden hacia el firmamento, son un desfile de luces; grandes avenidas, todo muy snob.

El viaje, corto, pero intenso; a nuestra rosa conductora se le iban cerrando literalmente los ojos, pero llegamos al Holiday Inn de Jumeirah sanos y salvos.

30 de julio

Mezquita Jumeirah (Dubai)
Muy cerquita de nuestro hotel está la mezquita Jumeirah, única donde permiten la entrada a los no musulmanes; teóricamente, pues acabábamos de descalzarnos, entrar y tomar la primera de mis instantáneas, cuando apareció un morito diciéndome, que no, que “tomoro, tomoro”, ¿mañana?, es posible; el caso es que nos echó.

Una y otra vez vuelvo a caer en la misma “metedura de pata”: los abigarrados planos turísticos, donde parece que está todo a tiro de piedra y resulta que cada milímetro son diez kilómetros. Cuarenta y dos grados, ni una sombra y yo empeñada en que estaba muy cerca, hasta que el aire para respirar empezó a faltarnos. Reconociendo mi error, cogimos un taxi, que nos llevó a lo que nos parecía el fin del mundo, pero en el mapa eran “un paseíto”.

Paradas autobús Dubai con a/a
Playa Jumeirah (Dubai)
Palm Jumeirah es la palmerita robada al mar. Un hotel a toda pastilla donde los no alojados teníamos tan limitadas las entradas que resultaba un poco decepcionante; un acuario, un aquapark y poco más. Otro taxi y a seguir los consejos de una compañera de la oficina: “es tal el calor que la gente vive literalmente en los mall”. ¡Qué razón tenía! Premio para el que adivine dónde nos metimos; ... efectivamente, en un mall.   El camino espectacular: el Burj al Arab, el único hotel de siete estrellas del mundo y por ende el más lujoso del planeta; porque he de deciros que aquí todo es lo más del mundo y si no lo es, no es digno de estar en Dubai. El metro por las alturas con estaciones que parecen salidas de una cápsula espacial; avenidas de seis u ocho carriles, rascacielos, más rascacielos, una mezquita, más rascacielos y más rascacielos.

Un segundo consejo de mi querida compi era coger el autobús turístico del que puedes subir y bajar todas las veces que quieras; pero entre que eran más de las 13 h. y que el servicio terminaba a las 17:30 y, lo que es peor, costaba 220 UED por cabeza (es decir, la friolera de 80 euros por los dos), desistimos de hacerlo.

Qué contaros del centro comercial, Dubai Mall –que no es el más grande de Dubai, ese galardón lo ostenta el Mall of the Emirates-, cuatro plantas y otros tantos sótanos; de los que recorreríamos una sola planta, creo que no completa, después de patear todo el santo día. No hay marca que se precie que no tenga aquí su megalocal, restaurantes con comida de todos los países imaginables, pista de patinar sobre hielo, por supuesto cines, un acuario que se ha hecho merecedor de no sé cuántos récords, una catarata; lo que pidas,…


Mujer con burka (Dubai

Aquello era un hervidero de gente; salimos a las diez de la noche y las tiendas seguían abiertas, no sé hasta qué hora. Un verdadero alegato al consumismo. Moritas con burka y sayales de seda negra, con bolsos Louis Voutton, Rolex en las muñecas y gafas de Dolche Gavana en la cabeza, recorrían el centro cargadas con bolsas a lo pretty woman, versión musulmana; con los modelitos que supongo lucirán de puerta adentro de su casa, para sus mariditos, claro.

Comimos en un tailandés, muy pero que muy bien.

Paradas de metro (Dubai)
La parte trasera del centro comercial da a una, no se si llamarlo lago, que es lo que parece, pero como con esta denominación no dejaría de ser un lago más; pues le han puesto chorros y voila, la fuente …. Efectivamente, más grande del mundo. Desde las seis de la tarde a las once de la noche, cada media hora, ponen la fuente en funcionamiento y es el espectáculo de agua más bonito que he visto en mi vida. Los chorros bailan cada media hora al son de una música distinta y, por tanto, sus vaivenes son también distintos. No se puede dejar de ver.


Burg Khalifa (Dubai)
A las 20:30 teníamos hora para subir al Burg Khalifa. Si quieres acceder en el momento que llegas, son 400 UED (unos 80 euros), pero si has reservado previamente por internet o, como hicimos nosotros, que llegamos a las 2 de la tarde y reservamos para la primera hora libre que era a las 20:30 horas, cuesta 100 UED. Merece la pena desde todo punto de vista; algunos datos: 828 m., -como no podía ser de otra forma- el edificio más alto del mundo; 162 pisos; 15.000 trabajadores pusieron en pie esta mole; 28.000 paneles de cristal; y, como no, el ascensor más rápido del mundo, que te sube al piso 124 a una velocidad de 10 metros por segundo; y el edificio se ve desde una distancia de 95 kms. Las vistas desde arriba, sencillamente espectaculares. En principio me pesó no poder subir de día, pero empiezo a dudar de haber salido perdiendo.

Dubai Fountain
Dubai desde Burg Khalifa
Otro taxi y a Dubai Creek, que es una ría natural que se adentra varios kilómetros en tierra firme. De Bur Dubai salen barcos que cruzan, barcos que dan paseos a lo largo, barcos restaurante, barcos show, barcos,…. Pero eran cerca de las once de la noche y los barcos en movimiento, brillaban por su ausencia. Segundo consejo de la directora que conocía esto: de noche toda la gente se va a tomar el fresquito de noche a la ribera del río; pero qué fresquito, si el aire seguía pudiéndose cortar a esta hora de la noche.

Nuevo taxi y al hotel, que mañana cogemos prontito nuestro vuelo a Durban.





Sudáfrica, tips y costos (Capítulo VII)

Ciudad del Cabo (Capítulo VI)

Victoria Falls (Capítulo V)

Johannesburgo (Capítulo IV)

Parque Kruger (Capítulo III)

Durban (Capítulo II)