Memorias de Sudáfrica (Capítulo IV) Johannesburg

Viernes, 12 de agosto

 Nuevo madrugón, pues nuestro vuelo salía a las 11. La puerta del camp y del Kruger no las abren hasta las 6 y estábamos a 100 kms de distancia, entregar coche de alquiler, tramites, etc. Había que aligerar si queríamos llegar a tiempo.

El vuelo, de British Airlines, en un avión chiquitín de hélices, pero cómodo y nos dieron de desayunar abundantemente (Iberia debería tomar nota).

Llegamos a Johannesburg, Joburg como lo llaman los locales, y estoy convencida de que nos dieron la primera clavada: el taxi nos cobro 460 Rands; esto es, unos 52 euros de vellón. Desde los Mundiales de fútbol del año pasado, el tren une el aeropuerto con la ciudad (100 Rands cada uno más el taxi desde la estación más cercana a tu destino final, con maletas, no parece suuponer mucho ahorro y menos teniendo en cuenta la inseguridad del lugar).



Johannesburg
Iba muy condicionada y con cierto miedo a nuestros desplazamientos en Joburg, ya que no es gratuito el ttítulo de "ciudad con mas índice de criinalidad del mundo" y cuando es una advertencia de propios y extraños, mejor será tomar precauciones.


Claires of Sandton
La encargada de la guest house, una negrita, de la que no recuerdo el nombre, amable donde las haya  y que con temperaturas que rondaban los 25º iba vestida con gorro de lana, falda de pana y jersey de terciopelo (estábamos en invierno y de invierno había que vestirse), nos puso en contacto con un conductor VIP (Mercedes y chofer con traje y corbata, que trabaja para un hotel de lujo trasladando autoridades); nos llevó a un centro comercial a cambiar dinero, al Museo del Apartheid y de vuelta al hotel y nos cobró 600 Rands (he de decir que cualquier traslado de un sitio a otro por corto que sea, estamos hablando de los 20 kms para arriba). Mañana nos llevará al aeropuerto por 400 Rands. No me parece barato, pero no veo alternativa. La guest house muy recomendable, con piscina y sin faltarle un detalle: Claires of Sandton

Museo Apartheid
Capítulo aparte merece el Museo del Apartheid. Es un verdadero vapuleo a las conciencias y hace reflexionar sobre en qué pilares inexplicables se puede apoyar la teoria de que haya hombres que valgan más que otros en función del color de la piel, ideología, ... El primer golpe anímico lo recibes a la entrada, en que aleatoriamente dan acceso de blanco o de negro, por puertas diferenciadas, donde desde sentarte a descansar en un banco depende de la suerte de la etiqueta que te haya dado el azar. Esto dura los cinco minutos en que los etiquetados como negros se dan cuenta y cambian su itinerario; en la realidad del apartheid, no se podía hacer lo mismo.

La historia reciente de Suráfrica es de esos capítulos de los anales históricos que te hacer sentir vergüenza de pertenecer a la raza humana.

Los primeros moradores de Suráfrica vivieron pacíficamente; no solamente las tribus de bushman y los hotenttotes (primeros homosapiens pobladores del planeta tierra), sino las tribus bantúes que fueron llegando procedentes de zonas del río Niger. Posteriormente, emigrarían otras tribus, tales como los khoi, san, xhosas, zulúes y otras y a la fecha, los 35 millones de personas de raza negra siguen perteneciendo a alguna de estas tribus; el propio Nelson Mandela es un xhosa y son los que tienen el poder, a pesar de que en número son un millón menos que los zulúes.


La historia escrita de Sudáfrica comienza con la llegada de los europeos a la región. Los primeros en incursionar fueron los portugueses, quienes no tuvieron intenciones colonizadoras y, por tanto, no se establecieron en este lugar, seguramente por ignorancia de las riquezas que contenía. Bartolomé Dias en 1487, desembarcó en el Cabo de Buena Esperanza (Cabo de las tormentas lo llamó él) y posteriormente Vasco de Gama en su camino hacia La India. Los dos siglos siguientes fueron una continua llegada de holandeses, alemanes y hugonotes franceses que huían de la persecución religiosa. En principio estaban concentrados en los alrededores del Cabo, pero poco a poco fueron migrando en caravanas, armados de Biblia y fusil y dispuestos a arrebatar tierras y aniquilar a sus pobladores indígenas para establecer la hegemonía blanca y calvinista en África. Así, se fue formando un pueblo de brutos e integristas religiosos que sería la base del movimiento Afrikaner que instituyó el Apartheid en el siglo XX, fanáticos que se creían enviados de Dios para redimir estas tierras.


A partir de 1795, en que una escuadra británica desembarcó en Ciudad del Cabo, se sucedieron una serie de encarnizadas guerras, tanto contra las tribus locales: xhosas, zulús, etc., como contra los boers (campesinos y granjeros ignorantes y partidarios de la esclavitud y la imposición del afrikaans, una especie de dialecto holandés). En 1902, los boers se rindieron definitivamente y las repúblicas existentes en aquellos momentos, se convirtieron en colonias inglesas.

Terminada la guerra, los británicos comenzaron a organizar sus dominios y en las instituciones puestas en marcha tuvieron cabida representantes holandeses. Al mismo tiempo, a finales del siglo XIX el descubrimiento de oro y diamantes cerca de Johannesburgo produjo una auténtica invasión de extranjeros que vinieron a hacer fortuna.


Las primeras elecciones (solo para blancos) fueron ganadas por el Partido boer SAP. Pronto se empezaron a dictar las nuevas leyes: prohibición de trabajos cualificados para los negros, su participación en el ejército, el derecho de huelga y se restringía su libertad de movimientos. Se fueron creando grandes guetos a las afueras de las ciudades, donde los negros eran confinados.



Así, se los agrupó sobre criterios tribales, independientemente del lugar de nacimiento o de residencia y se forzó el traslado de millones de personas a cada uno de los diez homelands diseñados, el cual no podían abandonar sin un permiso especial. Los barrios que debían abandonar en las ciudades fueron destruidos y se erigieron en su lugar magníficas zonas residenciales para blancos.



Estatua Nelson Mandela
En 1912, había nacido el Congreso Nacional African (ANC), el germen de la lucha reivindicativa de la población negra que optaba por la lucha no violenta. Pero en 1943, emerge con fuerza un movimiento que sería decisivo en las siguientes décadas, la Liga de la Juventud, que consideraba demasiado débiles las políticas de no violencia del ANC. En este movimiento destacan personajes como Oliver Tambo o Nelson Mandela. Sus objetivos: una verdadera democracia con independencia del color de la piel, el acceso a la propiedad de la tierra, la libertad sindical y la educación obligatoria.


Estos movimientos comenzaron a convocar medidas de protesta que eran fuertemente reprimidas, hasta 1960 que decidieron pasar a la lucha armada. En 1963, Mandela y otros líderes negros son condenados a cadena perpetua. En 1976 sucedió uno de los episodios más sangrientos de la lucha contra el apartheid. En una manifestación de escolares del Soweto de Johannesburgo la policía cargó y provocó más de trescientos muertos y otros cientos de heridos.



Hasta 1985, en que el gobierno declaró el estado de emergencia que mantendría durante cinco años, la violencia se incrementaría; hasta que presiones internas e internacionales quebrantaron la salud económica del país, por lo que el gobierno, capitaneado por Frederik de Klerk se vio obligado a emprender una serie de reformas. Poco a poco se fueron aboliendo las leyes discriminatorias, se legalizaron los partidos negros y comunistas y se establecía la libertad de prensa. Nelson Mandela sería excarcelado y, junto con de Klerk, empezaron a negociar la transición surafricana, proceso por el que los dos serían reconocidos con el Premio Nobel de la Paz.



En abril de 1994, se izó la nueva bandera actual con los colores de cada una de las razas que habitan el país, se entonó el himno de Dios bendiga África y el ANC obtuvo el 62,7% en las elecciones celebradas el 26 de ese mismo mes. Mandela fue el primer presidente de una Suráfrica libre.



Colas para votar
Pero luchas por la libertad ha habido muchas y en casi todos los pueblos, de una forma u otra, la magnificencia del caso surafricano fue la forma, sin revanchismo ninguno, en que se llevó a cabo la reconciliación con la bota que durante años les había mantenido bajo un yugo férreo. El arzobispo anglicano Tutu presidió en 1994 y 1999 la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, en la que se hicieron públicos gran parte de los horribles crímenes de la era del apartheid. Aquellos políticos, policías, militares o funcionarios del gobierno que confesaran sus crímenes serían amnistiados, pero quienes se negaron a ello fueron perseguidos por la justicia.

Pese al éxito del proceso de transición política y recuperación de la libertad para todos, Suráfrica se enfrenta hoy a numerosos problemas: la minoría blanca sigue detentando la inmensa mayoría de la riqueza del país y la mayoría negra sigue habitando en los townships miserables, donde se hacinan en condiciones de espanto; se encuentra inmersa en una grave crisis económica, de la que de momento no se le ve salida; el sida, con más de cuatro millones de infectados y la tasa de paro oficial, que ronda el 40%, constituye el 80 % de la población.

Sinceramente, pienso que es un pueblo que saldrá adelante, porque se lo merece.


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