El Algarve (Portugal)

Templo de Diana (Évora)

2 a 9 de enero de 2016

Segunda intentona de conocer El Algarve. La primera, hace muchos, muchos años, dejó tan malos recuerdos que la región se había caído como posible "must" en mi relación de viajes. A aquella primera vez no le faltó de nada: lluvia de día y de noche; un accidente aéreo con muchos muertos, en Faro; se nos inundó la casa de vacaciones que habíamos alquilado; la idea era pasar las Navidades y nos volvimos a España el mismo día de Nochebuena, haciendo "fu" como el gato.


Bien, había llegado el momento de dar una nueva oportunidad a esta meridional zona portuguesa y pasaríamos la primera semana del recién estrenado 2016. ¡Hola Portugal!

2 de enero

En principio, lo planeado era pasar la primera noche en alguna localidad de Badajoz, pero sobre la marcha cambiamos el itinerario y fuimos del tirón a Évora, de la que tenía buenas referencias. Llegamos ya de noche; los hoteles son caros y finalmente pernoctamos en Solar de Montalim, muy céntrico, con una arquitectura de edificio histórico (1892) y una gran cantidad de antigüedades en su decoración.

Una pequeña vuelta por los alrededores fue un halagüeño anticipo de lo que nos esperaría al día siguiente.

Évora pertenece al Alentejo, la mayor de las provincias de Portugal y su capital. Tradicionalmente se dice que es el granero del país por su grandes explotaciones agrícolas y es también, el principal productor de corcho a escala mundial. Este territorio está plagado de pueblecitos medievales con sus mil y un aromas procedentes de las flores que jalonan todos los balcones.
Catedral Évora
Catedral Évora
3 de enero

No es en balde el que Évora haya sido declarada sitio de interés del Patrimonio Mundial de la Unesco. Gran plaza romana la "liberalitas Julia" de César dejó su huella, que mantiene muy bien conservada; le seguirían los visigodos; y a estos los árabes. Todos han dejado su impronta en la ciudad.

La visita a Évora es fácil, pues todos los sitios están bastante concentrados y se puede hacer a pie completamente. 

Catedral
Un punto donde poder empezar es la Catedral, que domina la ciudad. De estilo románico-gótico de los siglos XIII-XIV, destaca el campanario en forma de piña -llamado saintongués y que sólo existe en el Perigord francés y en Salamanca-. Por dentro es austera, aunque destacan el coro de mármol rosado (barroco), grandes làmparas, un baptisterio de mármol, decorado con azulejos y frescos. En la torre se expone el Museo de Arte Sacro que no vimos, pero tengo entendido que merece la pena.
Catedral Évora
Templo de Diana (Evora)
El Templo de Diana, que ya habíamos visitado la noche anterior, con una iluminación que potenciaba su belleza, recibe al visitante orgulloso de lo que fue desde el siglo I. Al parecer se conserva en tan buen estado, porque durante todo el medievo se mantuvo enclaustrado dentro de los muros de una fortaleza, hasta su descubrimiento en el siglo XIX.

Iglesia San Francisco (Evora)
La Igreja Real de San Francisco (siglos XV-XVI), con su pórtico, con arcos mudéjares coronado por los tres emblemas dela realeza: la corona, el pelícano y la esfera, que simbolizan el Imperio portugués. En el interior, doce  capillas profusamente ornamentadas al estilo barroco y un altar rococó de una muy buena factura. No te marches cuando termines de verla, que la iglesia tiene reservada una macabra sorpresa. Un camino de azulejos va marcando las estaciones de un Calvario y al final, la Capella dos Ossos (Capilla de los Huesos). Una pequeña capillita tapizada y alfombrada de tibias y calaveras recibe al visitante con una inscripción en la entrada que reza: "Nosotros los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos".  

En el siglo XVI Évora tenía un serio problema de superpoblación en los cementerios, que se vió agravado por una catástrofe de tormenta y rayos que destrozaron una gran cantidad de casas y murieron unas 800 personas que fueron enterradas en una fosa común. Treinta años más tarde se decidiría exhumar los cadáveres e incrustarlos con cemento en la capilla para recordar a los mortales cuan efímera es la vida y nuestro final que es igual para todos.
Capilla de los Huesos (Evora)
La Igreja de Sao Joao Evangelista que alberga los restos de sus fundadores; una trampilla cubre una cisterna, estigio del antiguo alcázar árabe y otra cavidad con los huesos de los monjes.
Igreja Real de Sao Francisco (Évora)
Iglesia Nuestra Señora de la Gracia (Évora)

En 1540, el rey Juan III ordena la construcción de esta iglesia, dedicada a Nuestra Señora de la Gracia. Hoy es considerada uno de los monumentos más importantes del Renacimiento portugués. Observad las cuatro estatuas encima de la puerta; se llaman los "niños de la Gracia y llevan a cuestas las "cuatro partes del mundo a las que llegaron los portugueses. Juan III mando a inscribir en la fachadas el título de "Padre de la Patria", imitando a los antiguos romanos.


Praça do Giraldo e Igreja de Santo Antao

Pasear por esta pequeña ciudad medieval es una auténtica delicia y lo más bonito, sus plazas: la Praça do Giraldo. En el siglo XIV la antigua muralla resulta ya insuficiente para el crecimiento que había experimentado la ciudad y hay que construir otra; de esta época es la plaza, que con el paso de los años se convertirá en la plaza principal de la ciudad, conocida entonces como Plaza Grande. De un lado los Patios del Concello (Ayuntamiento) y del otro, la Iglesia de San António. En esta plaza se hacían fiestas, torneos de caballeros, justas y los tristemente célebres autos de fe. Hoy es el auténtico centro bordeada de soportales, todos distintos, de altura y de forma; la praça do Sertorio,... Lo mejor, deambular por sus calles, sin rumbo fijo y disfrutar de todos sus rincones.

Palacio das Cinco Quinas



 Al final del día llegábamos a nuestro destino: Cabanas de Tavira, una localidad turística de la que la separaba de Tavira el río. Un apartamento muy cuco en un complejo vacacional -un poco triste, pues no nos olvidemos de que es invierno- sería nuestro campamento base durante estos ocho días.

3 de enero

Nuestra localidad era coqueta: casas de verano y hoteles y un paseo marítimo que ofrecía un buen muestrario gastronómico y que tuvimos ocasión de comprobar a lo largo de los días.

Algarve es la parte meridional de Portugal. Estos fueron los confines de las conquistas musulmanas y por ello le denominaron Al-Gharb -el Occidente-. Hoy, se ha convertido en el estandarte del turismo en Portugal. Por eso, para descubrirlo, os recomiendo ir durante su benigno invierno, disfrutaréis de todo tranquilamente.

La costa de El Algarve mide 165 kms. desde la punta de San Vicente hasta Vila Real de San Antonio, en la frontera con España y la recorre una buena autopista. No es mucho, pero no era cuestión de pasarnos todo el día en la carretera, por lo que nuestra intención fue, ver las localidades cercanas y un día, llegar hasta Segres e ir visitando lo más interesante al volver.

Lo primero que llama la atención al visitante es el llegar a la costa y no ver playas. Toda esta zona forma parte de la ría de Formosa, parque nacional que cubre una franja de 60 kms. y lo que bordea, por tanto todas estas poblaciones son unas rías de aguas poco profundas donde vienen a invernar las aves migratorias. Pero que no desespere el amante de la arena, que hay ferrys y barquitos que cubren el trayecto   hasta cinco islas con playas maravillosas y con la ventaja de ser vírgenes.











4 de enero

Tavira es una ciudad encantadora que teníamos a 10 minutos, por lo cual fueron numerosas las veces que acudimos a ella ya sea para comer, buen tiene una muy buena oferta culinaria, para hacer compras o tomar un simple café en su agradable plaza.

Tavira tiene la suerte de tener la playa, como ya he explicado, a 3 kms; por ello, se ha librado de las grandes construcciones inmobiliarias que han invadido localidades cercanas.

Lo prmero que se encuentra el visitante es el imponente puente peatonal romano para cruzar el río Sequa. Subiendo a la parte alta de la urbe (sin ser excesivamente penosa la subida) se puede visitar lo que queda de la antigua ciudad y el castillo -o lo que queda del castillo-. A pesar de todo, lo poco que queda está puesto con gusto y muy cuidado, y además nos presenta unas vistas soberbias de los tejados biselados de Tavira y la laguna, por lo que bien merece la pena el paseo. Completa el cuadro la encalada Iglesia de Santiago con su enorme reloj -una de las 37 iglesias de las que presume Tavira- y de la antigua muralla que otro circundara la ciudad quedan apenas unos torreones y algunas puertas, como la de don Manuel.






La Plaza de la Republica es uno de los puntos importantes de la ciudad y cruzando el puentecillo  encontrará una zona repleta de buenos restaurantes.

Las playas, a pesar de su dificultad para acceder a ellas son el punto fuerte de Tavira. Situadas a 3 kms. en la isla que se encuentra frente a la ciudad, es una isla a la que no entran coches, pero está muy comunicada por fery -unos 20 minutos- o Aqua taxis que sale en el momento en que se les contrate.




5 de enero

FARO está a unos 40 kms. de Tavira. Es la capital del Algarve y de hecho su ciudad más grande. Queda poco de civilizaciones anteriores, un fuerte terremoto, en 1755, la destruyó casi por completo. Se jactan, y con razón, de haber sido la primera localidad que derrotó a los ejércitos napoleónicos. Esta localidad como todas las que están resguardadas por la ría de Formosa y que se ven obligadas a tener a cierta distancias las playas, tienen la ventaja de no ser invadidas por hordas de turistas cambiando el ambiente drásticamente.
He hablado de "ciudad más grande", pero para el visitante es sumamente manejable. Si se ha
aparcado el coche en las afueras, callejeando un poquito se llega enseguida al puerto. Una amplia plaza, de forma totalmente irregular, llamada  Francisco Gomes, distribuye las principales vías de la ciudad: la Avenida de la República y una docena de callecitas que se extiende por toda la ciudad, también encontramos aquí el Museo Marítimo -visita muy recomendable-, la Iglesia de la Misericordia y un  pequeño arco, el Arco de Vila que conduce a la Citade Velha (Ciudad Vieja).
Un consejo que seguro me agradeceréis es el subir en un trenecito turístico que sale de la misma Plaza Francisco Gomes; no solamente porque te ahorras las empinadas cuestas que la Ciudad Vieja tiene, sino porque hace un recorrido bastante largo y te llevas una buena idea de la ciudad y hace paradas -con la espera correspondiente- para que se vean puntos concretos interesantes.

Catedral Faro
La Citade Velha está amurallada en todo su perímetro y tiene tres puertas -una de ellas el Arco de Vila del siglo XVIII. La rua do Municipio nos lleva directamente a la Plaza de la Catedral, bordeada de naranjos. A mano derecha, el Palacio Episcopal. Nosotros no fuimos ninguna noche, pero las guías recomiendan visitarla por la noche. De la catedral actual lo único que queda de la antigua seo gótica es la torre con campanario a la que se puede subir, el resto quedo destruida por el incendio de Lisboa. Cerca, encontramos el Museo Municipal, ubicado en antiguo convento con un pórtico renacentista.

Iglesia do Carmo (Faro)
Quizá lo más importante de toda la ciudad sea la Iglesia do Carmo. Un edificio barroco ubicado en una plaza bordeada de camelias. La Iglesia es muy bonita por dentro y aquí nos vuelve a sorprender está costumbre no sé si portuguesa o restringida al Algarve, de tapizar las paredes con huesos humanos. Esta, también tiene su Capela dos Ossos. En 1816 se exhumaron todos los muertos enterrados en el cementerio y aquí siguen desde entonces.
Si os encontrarais en Faro a la hora de la comida os voy a recomendar un restaurante increíble. Suelo dejarme guiar por los primeros puestos de Trip Advisor cuando llego a una localidad que no conozco y este local esta muy bien recomendado; está a las afueras, pero andando por supuesto, es muy chiquitito, con muy pocas mesas; no sabíamos que pedir y nos decantamos por el plato del día, cuál sería nuestra sorpresa que a la hora de pedir la cuenta fueron 12 euros, dos personas, dos platos, postre, bebida y café. Lo que oís. Y estupendo, muy muy rico. Tasca do Ricky - Rua do Forno 21 - Faro.







 5 de enero de 2016

Albufeira es una población que con ser la que más fama ha alcanzado para el turismo de masas europeo puede ser perfectamente prescindible si disponéis de poco tiempo. En su día, apuesto a que debió ser un coqueto pueblecito de pescadores que hoy ha sido devorado por grandes edificios con apartamentos y hoteles que puedan dar cabida al turismo veraniego.

A pesar de todo tiene una cuantas callecitas en el centro que evocan su pasado de puertecito marinero y un par de playas francamente bonitas.

Tiene una estructura de acantilados a los que se sube por una escalera mecánica y un buen mirador en la parte superior ofrece unas buenas vistas de la plaza y la Playa de los Pescadores.






 7 de enero de 2016

El final de nuestras minivacaciones se acercaba poco a poco y este día recorrimos los 154 kms que nos separaban de Cabo San Vicente, para hacer la ruta turística a la inversa; es decir de oeste a este,hasta donde llegásemos.

Llegar a puntos como este de Cabo San Vicente en Portugal, Finisterre en Galicia o Cabo Agulhas en Sudáfrica, donde se tiene la sensación de haber llegado al fin del mundo y la inmensidad del agua llega a poner la piel de gallina, te deja imágenes en la retina difíciles de olvidar. De aquí partían hacia una América ignota embarcaciones y navegantes ávidos de descubrimientos y conquistas.

Pero no es sólo el mar lo que produce esta sensación de desolación y de sentirse completamente vulnerable ante la naturaleza, sino es toda esa estructura rocosa que termina besando al mar, con fuertes vientos y olas furiosas. No parece haber vida en kilómetros a la redonda.

La puesta del sol en su avance hacia otros continentes es un espectáculo que no se pierde todo aquel que pasa por aquí; no tuve la agudeza de preverlo, pues debe ser algo digno de ser contemplado.

El contraste de colores entre la roca, el mar y el cielo, se rompe con el edificio blanco y el alto faro con su linterna roja, como guardián de esta Reserva Natural en los confines de Europa.

Sagres es el pueblo más meridional de Portugal y se compone de unas pocas calles, con un par de hoteles y restaurantes, un pequeño puerto y un palacio del XIX, construido sobre las ruinas que dejó el terremoto de 1755 y que al parecer es el reino de surferos de toda Europa.

La Fortaleza merece la pena visitarse, sobre todo por su carácter histórico: Enrique el Navegante decidió establecer allí una escuela de navegación que permitiría las grandes expediciones marítimas. Construida sobre un gran promontorio rocoso y rodeada de unos paisajes apabullantes; en su patio de armas se distingue una gigantesca rosa de los vientos dibujada en el suelo, donde durante el siglo XV un equipo de sabios, geógrafos, marineros y astrónomos, preparó las grandes aventuras que Portugal realizaría y que en buena medida se debieron al astrolabio.

Rosa de los vientos
"Construida con 48 hileras de piedras, dispuestas radialmente en un terreno circular con 50 m de diámetro, la enigmática construcción de la rosa de los vientos, fue desenterrada en 1919 y, desde entonces, relacionada con la Escuela Náutica fundada por el Infante Enrique, el Navegante, fue limpiada y consolidada en 1959. Otra de las teorías presenta la instalación como un gnomon o reloj solar monumental, construido en el siglo XVI para estudio y apoyo de la actividad naval y militar del sitio." Sic de carteles in situ.



















Os recomiendo este restaurante en la playa: bueno, bonito y barato (dentro de un orden).


Antes de entrar en Lagos, merece la pena -y mucho- desviarse tres kilómetros hacia la playa para contemplar una de las formaciones calizas sin paragón en toda la costa portuguesa, Ponta Piedade. La costa, formada por acantilados muy erosionados por los vientos y el mar ha creado grutas naturales y formaciones imposibles.

Hay pequeños barcos pesqueros que por un módico precio te llevan navegando entre las formaciones.








Cuando entramos en LAGOS ya había anochecido por lo que tan sólo pudimos dar una vuelta por su casco antiguo, muy pequeño y que se ve en poco más de dos horas.La Iglesia de San Antonio, el Mercado de Esclavos, el primero de Europa; las murallas que rodean la ciudad y su puerta de San Gonzalo.



Lagos, Portugal