Conocer Madrid - Ruta del Madrid Medieval


Restos muralla medieval de
Madrid no puede presumir de tener muchos restos medievales, pero nuestra avezada Marta hizo que nos imagináramos estupendamente lo que debió de haber sido este Mayrit o Magerit (castellanizado) en sus inicios y ayudarnos a organizar mentalmente aquellas épocas con los pocos vestigios que quedan.

Quedamos citados en la calle Mayor esquina con la calle Bailén. Nada más cruzar la amplia avenida que es Bailén, te encuentras, a mano izquierda, con los restos de la muralla, poca cosa. Da envidia ir a Avila, a Lugo, a Tarragona y tantas otras y ver lo bien conservadas que mantienen sus paredes defensivas desde el medievo.


Me conocía bastante bien esta zona. No hace muchos años, acondicionaron este mismo terreno para hacer representaciones teatrales en verano, en las que el público se disfrazaba e incluso se podía formar parte del "atrezzo", si así se deseaba. Las quitaron, supongo que por motivos de preservación y fue una pena, pues al tiempo que veías la función podías cenar o tomar una copa, con la muralla como telón de fondo.

Ahora el recinto está cerrado y le llaman Parque Mohamed, donde una placa hace honor al fundador de Mayrit que mandó a construir la muralla, Mohammed I, en alguna fecha entre el año 852 y el 886, años en los que fue Emir de Córdoba.

Lo primero que Marta nos hace observar, es la diferencia de piedra tan evidente entre la parte de arriba caliza y la inferior de pedernal. Se desconoce las razones que provocaron este cambio de material constructivo. La teoría más posible es que la muralla, con la entrada de Ramiro II de León en Mayrit y sus tropas en 932, los lienzos quedaran bastante deteriorados y Abd al Rahmmán III la manda reconstruir con distinto material.

En 1085, como paso previo a la toma de Toledo, el rey Alfonso VI, conquista definitivamente Madrid, la convierte en una ciudad cristiana y decide agrandar la muralla.

Catedral de La Almudena
Desde nuestra perspectiva luce imponente la lustrosa y nueva Catedral de La Almudena de Madrid y
una imagen de la Virgen sirve de referencia a Marta para contarnos las dos versiones de leyendas que han llegado desde antaño hasta nuestros días sobre la historia de la imagen de la patrona de Madrid.

La una cuenta que corriendo el año 711, los árabes entran por el sur y conquistan la península en tres años; Mayerit era una aldeita. (esto no es leyenda, es historia pura y dura). Cuentan los tatarabuelos de nuestros mayores -que es mucha distancia hacia atrás, por lo cual se comprende cómo puede adornarse y engrandecerse un hecho con el paso de los años-, que existía en Madrid una gran devoción por la imagen de una virgen, que fue traída a España por el mismísimo Apóstol Santiago y fue pintada, nada menos que por San Lucas y tallada por Nicodemus, ¡ahí es nada! y el pueblo la denominaba "Santa María de la Vega. La llegada de los sarracenos hizo que el pueblo pusiera la imagen de su patrona a buen recaudo y qué mejor sitio que escondida entre uno de los cubos de la vieja muralla. Casi cuatro siglos después, las huestes cristianas con Alfonso VI a la cabeza, toman Mayerit y para dar gracias a Dios se convoca una procesión multitudinaria que al pasar por el lienzo de la muralla, ¡oh, milagro! la piedra que tapaba la imagen cae y aparece, no solamente la Virgen, ¡sino flanqueada por dos cirios,... encendiiiiidos! Era un 9 de noviembre de 1085. Aquella virgen desapareció en un incendio y la que hoy veneran los madrileños se trata de una imagen fabricada ex profeso  en el siglo XVI.

La Almudena, cuyo nombre proviene del árabe al-mudayna, en referencia al antiguo recinto militar amurallado que ocupaba toda esta colina, custodia otra virgen en su interior, con su propia historia. Alfonsso VI manda pintar en el muro de la Iglesia de Santa María, una virgen que sería conocida por la Virgen de la Flor de lis", cuya faz era un retrato de Doña Constanza, reina consorte, de origen francés; de ahí los símbolos (flor de lis y cruz de Calatrava). En 1858, cuando se derriba la Iglesia de Santa María, se traslada el bloque de yeso y en la Cripta de la Catedral se puede contemplar desde entonces.

El templo -hoy Catedral de Madrid- ha debido capear con no menores avatares hasta poder lucir como lo hace hoy. Muchos intentos: la Reina Isabel de Borbón, en 1623; la Reina Mariana de -Austria, en 1669, primera y segunda esposas del Rey Felipe IV, apoyaron firmemente la petición de la Congregación de Esclavos de la Virgen de La Almudena ante el Arzobispo de Toledo, de construir una nueva iglesia, digna de la patrona de Madrid, sin buenos resultados. Más de dos siglos después, la reina María de las Mercedes, con el apoyo  de su marido el rey Afonso XII, darían el espaldarazo definitivo al proyecto y en 1883 el propio Rey pondría la primera piedra. Al año siguiente, Madrid es erigida en diócesis por el Papa y se decide reestructurar el proyecto de modesta iglesia en catedral de Madrid.

Los Reyes donan los terrenos adyacentes a la Plaza de la Armería y la propia Reina Isabel, madre de Alfonso XII donaría joyas para ayudar a tan magna obra. María de las Mercedes, madrileña hasta la médula quería tener a su Virgen de La Almudena cerquita; el destino quiso que fuera tan cerquita que fuera enterrada bajo el altar de la propia Virgen, por expreso deseo de Alfonso. La muerte sorprendió a María de las Mercedes cuanto apenas tenía 18 años y no le dio tiempo ni a disfrutar de su amado esposo ni a dar un heredero al reino; por ello se la llevó a El Escorial mientras terminaban las obras de La Almudena (122 años ni más ni menos), ya que al no haber sido madre de rey no podría permanecer en la Cripta Real.

El proyecto que comenzó a gestar el Marqués de Cubas, responsable del mismo, era un edificio de grandes dimensiones en estilo neogótico, con planta de cruz latina y capillas laterales, La imagen de La Almudena estaría colocada en el Altar Mayor. A la muerte del Marqués, le sucedería el arquitecto Miguel Olabarría; a este Enrique Repullés; Juan Molla, parón por la guerra entre el 36 y 39 y en el año 1944 se convoca un concurso para dar una nueva solución arquitectónica, que ganan Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro, que adecua el afrancesado proyecto inicial para castellanizarlo más. La obra, que bien parece la "de El Escorial", todavía habría de esperar a 1993 para que el Papa Juan Pablo II consagrara la Catedral,... aun sin terminar del todo hasta 1999.

¿Conoces algún Gato de apellido? A partir de hoy, lo verás con otra consideración. Los madrileños cristianos ayudaron al rey Alfonso VI a entrar en Madrid a través de la muralla, derribando una gran puerta de entrada en la ciudad; su gran habilidad escalando la muralla, les granjeó el apelativo de "gatos"; se les hizo un gran reconocimiento real y desde entonces pudieron llevar su proeza en el apellido,

Museo de las Colecciones Reales
Un gran edificio, aun en construcción, se yergue tras la catedral; se trata del que será el Museo de las Colecciones Reales -apertura prevista en 2017- y que albergará carruajes, tapices y grandes colecciones, desde los Trastámara, pasando por los Austrias y terminando con los Borbones.

Plano Madrid medieval
Un gran plano en bronce recrea cómo debió ser el Madrid cristiano,
ya en poder de la Corona de Castilla. La muralla, construida como una ampliación del antiguo recinto amurallado musulmán, fue mandada a construir por el rey Alfonso VII y circundaría un territorio ocho veces mayor que en época árabe. Parece ser que pudiera tener unas 130 o 150 torres y la rodeaba un foso -hoy las Cavas Baja, Alta y la de San Miguel-. Constaba de cuatro accesos:

  • La Puerta de Guadalajara; la principal (a la altura del número 49 de la calle Mayor); franqueada por los altas torres que serían mandadas derribar por Carlos I para construir una gran puerta con tres arcos (desaparecería en un incendio cincuenta años más tarde).
  • La Puerta de Valnadú, próxima al Teatro Real.
  • La Puerta de Moros, sobre la Plaza del Humilladero, etre la calle del Almendro y la Cava Baja.
  • La Puerta Cerrada, inicialmente llamada de La Culebra, por el relieve de "dragón que apareció esculpido.
  • A las que habría que añadirle las tres del recinto árabe: Santa María, de la Vega y Sagra.
El Parque emir Muhammad I no abre al público nada más que los fines de semana y días festivos, pero el cerraje permite perfectamente la visión desde el exterior, En él se conserva el tramo de muralla de más de 120 metros de longitud, una altura de 11,50 metros y un espesor de 2,60 metros.


Bailén 12, restos de muralla en los garajes de una casa
Como curiosidad, hay que acercarse a la calle Bailén 12 y contemplar como parte de la muralla soporta la estructura de los garajes de la finca y ¡echarse las manos a la cabeza! Los locos años 60 en que todo estaba permitido.

Enseguida nos encontramos con la gran mole que es el viaducto. El primero fue de madera y hierro y se inauguró en 1874 dirigida por el arquitecto Eugenio Barrón y prestó servicios durante casi sesenta años. En 1932 se aprobó la construcción del actual viaducto de hormigón, mucho más ancho y alto que el anterior. El último viaducto tenía previstos dos ascensores, que jamás se instalaron. Como anécdota curiosa: cuando aun no estaba inaugurado se permitió al sepelio de Calderón de la Barca cruzar por él, para ir de San Francisco el Grande a la Sacramental de San Nicolás. Durante la Guerra Civil quedó bastante perjudicado y se realizó una remodelación radical en los años 70.

Acueducto
El gracejo madrileño algunas veces deja que desear, como en este caso en que el Viaducto es
conocido como el "Puente del suicidio". La gran obra de ingeniería sirvió, además de para salvar el gran barranco que producía el valle, por el que pasaba el cauce del arroyo de San Pedro, para ayudar a sesgar las propias vidas de todo aquel que decidía hacerlo. A los siete días de inaugurarlo, el primer suicidio, una semana más tarde, el segundo y así, sucesivamente, hasta llegar al siglo XX en que, se decidió por parte gubernamental no proporcionar cifras de muertes provocadas en el Viaducto -pero algunas fuentes aseguran que podían alcanzar los 4-6 semanales-.

En 1998, el Alcalde Álvarez del Manzano hizo colocar unas mamparas de metacrilato disuasorias, que cumplieron su cometido.

Historias,... muchas. Por ejemplo de aquella Barbarita, guapa, agraciada y de buena familia enamorada hasta la médula de un tabernero que no tenía la clase que los padres de la niña habían soñado para ella y le prohibieron terminantemente volver a verlo. Barbarita, muerta en vida, busco la verdadera en el Viaducto, como no podía ser de otra manera. Pero la fortuna quiso que aquellas amplias faldas del XIX hicieran de paracaídas y  Barbarita cayó lentamente, llevándose un susto de muerte. De resultas, sus padres permitieron los amores de la niña y el tabernero; se casaron y tuvieron catorce hijos. Barbarita, al parecer, murió de parto de su decimocuarto retoño.

Y la de aquel pobre panadero que circulaba por la calle Segovia en bicicleta y le cayó un suicida en la cabeza y le mató. El aprendiz de suicida, sin embargo, vivió una larga vida.

Calle Segovia número 21; la Casa del Pastor. Y aquí viene otra curiosa historia de nuestro Madrid. En fecha incierta esta casa pertenecía a un Arcipreste llamado don José y dejó estipulado en su testamento que en el momento en que muriese diesen en propiedad su casa a la primera persona que pasase por la Puerta de la Vega, un antiguo acceso a Madrid, y así, pasó a pertenecer a un pastor aquella vivienda de cinco plantas y pasaría a ser conocida desde entonces como Casa del Pastor.

La casa ha tenido a lo largo de los años numerosas funciones: albergó el primer Ayuntamiento de Madrid en 1309; un tribunal árabe en el siglo XI y Casa de la Moneda de Castilla; aunque del edificio histórico solo queda un escudo y unos cimientos.

No nos olvidemos del carácter medieval de esta visita, sigamos pues por Bailén y crucemos el acueducto. Madrid ya es cristiana por los cuatro costados y a los musulmanes se les ha confinado en una especie de gueto, muy a las afueras de la ciudad. Las vistillas de Madrid. Aquí tenían su pequeña y "autónoma" ciudad, con sus tribunales, sus zocos. En principio, vivían los mozárabes (cristianos en territorio árabe) y más tarde serían confinados los mudéjares (musulmanes bajo dominio cristiano).

Alfonso VI conquista Madrid en 1083, pero les concedió un amplio autogobierno a los musulmanes. No solo esto sino que para protegerlos de posibles ataques amplió la muralla y quedaron dentro del recinto amurallado. Hoy, no hace falta tener mucha imaginación para recrear una auténtica localidad árabe de calles sinuosas, en cuesta, con múltiples plazuelas totalmente irregulares.

Calle de la Morería. Al llegar aquí, Marta hace que reparemos en un auténtico "guirigai" de niños que, sin lugar a dudas, anuncian el recreo de un colegio cercano y, nos habla de que se trata de "niños famosos". No, Marta no había perdido el oremus, Muy cerquita se encuentra el Colegio de San Ildefonso, de donde salen los "famosos niños" que cantan nuestras ilusiones cada 22 de diciembre -la lotería nacional-.

Plaza del Alamillo, con las mismas características: irregular y en cuesta. Aquí se situaba el Tribunal
Plaza del Alamillo
Árabe de Justicia, por ello una de los posibles orígenes de su nombre puede venir de una corrupción filológica de alamud, que en árabe significa tribunal. También es posible que la alusión sea debida a un álamo que permaneció durante muchos años hasta que un vendaval lo derribó. Lo cierto es que esta plaza era el verdadero corazón urbano de la vieja morería madrileña.

Llegamos a la calle Alfonso VI. Es lógica una calle al rey que conquistó la plaza de Mayrit de mano musulmana y el que esté precisamente en zona "mora", parece ser que fue por la calle en que entró el rey y sus tropas.

Calle del Toro. En épocas tan tempranas como la Edad Media ya había una gran afición por las corridas de toros. Se cerraban ciertas calles y se exhibía un toreo de rejoneo. Al parecer, en uno de los balcones durante mucho tiempo hubo colgadas unas astas de toro y de ahí es donde nos llega otra romántica leyenda. Érase que se era un apuesto caballero, cristiano, bien parecido y con una fama asentada de valiente que se presentó en una corrida que se celebraba en el barrio y mató valientemente a un aguerrido toro. Una princesa mora que contemplaba la hazaña desde un balcón, cae prendidamente enamorada del joven, al que llama insistentemente, pero este la ignora y desprecia. La princesa mandó disecar la cabeza del toro y colgó las astas de su balcón y cuenta la tradición que cada vez que la princesa lloraba, el toro mugía. Pero no termina allí la historia, posteriormente se supo que aquel misterioso caballero era nada más y nada menos que el Cid Campeador. La verdad es que era costumbre de la época el que el torero que mataba un toro, colgase su cornamenta como motivo de orgullo. Esta debe ser la verdadera historia.

En la esquina de la calle del Nuncio se yergue, esbelta, la torre mudéjar de la Iglesia de San Pedro el Real -uno de los templos más antiguos de Madrid- y donde el pueblo venera a Jesús el Pobre, de gran tradición desde hace siglos.

Torre Iglesia San Pedro
La torre te parecerá sobria, incluso algo sosilla, pero para compensar te diré que sus campanas son mágicas. Al parecer son más grandes que la escalera y no sabían cómo subirlas para poder instalarlas en el campanario; al día siguiente, sorprendentemente, las campanas estaban colocadas. Su fama posterior fue imparable: se decía que su repiqueteo destruía las nubes que traían granizo y destrozaba las cosechas; por lo que por unas monedillas el campanillero las tañía gustosamente para ahuyentar aquellas perniciosas nubes. También había quien aseguraba que las campanas tocaban solas cuando alguna desgracia asolaba la nación y ello ocurrió, según se cuenta, cuando murió Felipe II, con la invasión francesa y alguna que otra epidemia de peste que asoló la ciudad.

Estamos frente al Palacio del Príncipe de Anglona del siglo XVII. Llama la atención el estar en pleno centro de Madrid y la tranquilidad que se respira. Nos cuenta Marta que ha sido escenario de muchas películas, entre ellas, escenas de la serie Amar en tiempos revueltos.

Seguimos por la Costanilla de San Andrés, que nos conduce hasta la Plaza de la Paja. Estamos ya en zona cristiana y esta plaza es más cuadrada que las que acabamos de dejar. El nombre le viene de la costumbre que había en el siglo XV y siguientes de vender allí la paja que se daba como subvención al capellán y cabildo de la Capilla del Obispo, para la alimentación de las mulas que los capellanes tenían para pasear.

Esta Plaza es quizás la que más historia tenga de Madrid. En épocas medievales se pasó de la algarabía del mercado que aquí se celebraba a diario y el trasvase de paja para pagar los diezmos a residencia de aristócratas que eligieron este punto para alzar sus palacetes: el Palacio Lasso, donde pernoctaban los Reyes Católicos a su paso por Madrid, por ejemplo, aunque de él no queda ya nada. Se dice que el palacio tenía un pasadizo que desembocaba directamente en la Iglesia de San Andrés, para que sus Majestades no tuvieran que mezclarse con el vulgo. Sí pervive el Palacio de los Vargas, rehabilitado hoy día como biblioteca municipal.

La Capilla del Obispo, Monumento Nacional, adyacente a la Iglesia de San Andrés, es uno de los
Capilla del Obispo
bellos iconos de esta plaza; mandado a construir por Francisco de Vargas, en 1520, uno de los sucesores de Iván de Vargas (jefe de San Isidro), con intención de que reposaran allí el cuerpo del Santo (como curiosidad, nos habla Marta de lo absurdo del nombre de Iván -¿no os parece un nombre demasiado moderno para el siglo XII?-. Ella opina, muy sensatamente que procede de la vacilación que existía en el castellano medieval donde la I, bien pudiera ser J y la V, bien pudiera ser la U, lo que nos daría un Juan Vargas, que resulta más ad oc.

Iglesia de San Andrés
Cuando menos curioso, es el conjunto de los tres templos que aquí se congregan: la Capilla del Obispo, la Iglesia de San Andrés y la Capilla de San Isidro. En la Capilla del Obispo permaneció el cuerpo de San Isidro a su muerte, tal como lo había previsto la familia Vargas, pero no nimias disputas posteriores hicieron que se trasladaran los restos a la Iglesia de San Andrés y se tapiara la comunicación que existía entrambas iglesias (no sería el único traslado del vapuleado Santo, pero esta historia ya forma parte de otra visita). En la fachada exterior de la Capilla de San Isidro podéis ver representado el milagro de San Isidro, en el momento que clavando su cayado en la tierra brotó agua, para acallad la sed de su patrono, don Ivan, o don Juan, lo que más os guste.

Y otra gran sorpresa que tiene reservada la plaza para el visitante, son los Jardines del Negro, pertenecientes al Palacio de Anglona, verdadero oasis en el centro de Madrid.

Al llegar a la calle de Los Mancebos, Marta nos cuenta otra
de esas historias rocambolescas que, por qué no decirlo,... nos gustan tanto, aunque parece que esto fue historia pura y dura. Corría el año 1217 cuando Enrique I, heredero de Alfonso VIII de Castilla, siendo un niño de 13 años sufrió un accidente mientras jugaba al balón en el Palacio Episcopal de Palencia con otros niños de la Corte. La pelota impactó en una teja que dio en la cabeza del Príncipe y le dejó inconsciente. Se le practicó una trepanación, pero todo fue en vano, murió poco tiempo después, dando paso a su hermana Berenguela al trono de Castilla. ¿Asesinato? los cierto es que con la muerte de Enrique I se evitó su boda con Sancha la hija de Alfonso IX de León, lo que suponía la unión de los dos reinos, que quizá se quiso evitar.

Distinto fue el paradero de los "mancebos" que jugaban al balón con el Príncipe, que fueron apresados y trasladados a Madrid, donde serían encerrados en la torre del Palacio de los Lasso, hasta que fueron declarados culpables y degollados y enterrados en la Iglesia de San Andrés.

Por la Costanilla de San Andrés seguimos hasta la plaza de los Carros, Esta plaza, en tiempos medievales marcaba los límites de la ciudad y frente a ella se alzaba la puerta de Moro. De los campos del exterior venían los campesinos cargados con sus productos. Aquí también se alquilaban dichos carros para trasladarse a otras poblaciones.

La Cava Baja, que era el foso de la muralla y la cruza la calle del Almendro. No era objeto de nuestra
visita de hoy pero pasamos por el Museo de los Orígenes -antes llamado de San Isidro-; se trata de la casa de los Vargas, donde vivió San Isidro. En su interior se puede contemplar el pozo "milagroso" y otras cosas interesantes halladas en los yacimientos.

La calle del Almendro es una antiquísima calle de irregular trazado que conserva tiendas y posadas, de grandes portalones, donde dejaban los carromatos, quizás desde el XVIII. A media calle existe un solar vallado en donde permanece una parte de la muralla.

Llegamos a la plaza de Puerta Cerrada. Como es evidente por su
nombre, se trataba de una puerta de la muralla que se mantenía cerrada por seguridad, ya que era una zona donde solía haber mucho delincuente. Antes de que el madrileño comenzara a llamarla Cerrada, se la conocía como la Puerta de la Culebra, pues en su clave aparecía una culebra con forma de dragón y que posteriormente pasaría al escudo de Madrud de 1682. La cruz que se halla en la plaza es un adorno de un registro de agua, colocado en el siglo XIX. A la derecha llama la atención el gran trampantojo en una de las fachadas en donde se puede leer "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son", en alusión a los orígenes de Madrid.

Toda esta zona eran calles donde se establecían los distintos gremios: tintoreros, cuchilleros,
latoneros. En tiempos medievales no había competencia de precios entre ellos y existían tres niveles de profesionalidad muy delimitados: el maestro, el oficial y el aprendiz.

La calle de la pasa, nombre curioso y proveniente de la costumbre que el Arzobispo de Toledo, Luis de Borbón y Farnesio tenía de dar los panecillo de San Justo a los pobres, que los días de fiesta eran puñados de pasas. El nombre de la calle también dio lugar al famoso dicho de "la que no pasa por la calle de la Pasa, no se casa"; en el número 3 de esta calle habían de pasar toda aquella pareja que quisiera casarse, pues se trata de la Vicaría del Arzobispado de Madrid, hasta fechas muy cercanas.

De una forma rápida, seguimos atravesando plazas o plazuelas, como esta, la del Conde Miranda, antes se llamaba de Corpus Christi y en ella tenían situada su casa,... elemental,los Condes de Miranda.

Torre Casa de los Lujanes
Plaza de la Villa
Plaza de la Villa, una de las más bonitas de Madrid y que más historia rezuma. En el número 2, la Casa de los Lujanes (primera mitad s. XV), estilo gótico-mudéjar con arcos ciegos de herradura (del poquito gótico que hay en Madrid). En esta torre, durante un breve tiempo, pues más tarde sería trsaladado al alcázar, tuvieron en un primer momento a un majestuoso prisionero, Francisco I, rey de Francia, después de la derrota de Pavía. No es algo muy corriente que soldados rasos consigan apresar nada más y nada menos que al rey del enemigo contra el que estaban luchando. Lo cierto es que tras su traslado al Alcázar, sería tratado conforme a su rango; es decir, "a cuerpo de rey". Mediante el Tratado de Madrid, dejó a sus dos hijos en prenda, para que el Emperador Carlos V le permitiera volver a su tierra.

La torre fue testigo, asimismo de la defensa de los hidalgos madrileños durante la lucha de las Comunidades. Hoy es la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y la Real Sociedad Matritense de amigos del País.

 Le siguen en antigüedad la Casa de Cisneros (siglo XVI), un palacio plateresco que cierra la parte meridional del recinto,  y unido por un pasadizo al edificio de la Casa de la Villa. En el número 3, otra casa señorial de estilo toledano donde estuvo la Hemeroteca Municipal hasta 1922 en que resultó totalmente insuficiente.

La Casa de la Villa, en la parte occidental de la plaza, de estilo barroco (siglo XV) y que tardó 75 años en construirse. Su fachada fue modificada en 1771 por Juan de Villanueva. Su interior atesora no pocas maravillas: una estatua en bronce de Goya de Llaneces, dos cuadros de Castellanos, una tabla religiosa de Pedro Berruguete, un cuadro alegórico de Madrid de Goya,...Originalmente se llamó San Nicolás de Bari, pero al añadirse su advocación a la de la cercana parroquia de San Salvador en 1805, cayó en el olvido y el edificio quedó en estado de abandono. Durante la ocupación francesa de Madrid fue almacén militar y cuartel. En 1825, la Orden Tercera de los Servitas, la recuperó para el culto, y logró reformarla después del derribo de San Salvador en 1842. Desde el año 1891 se trasladó la advocación de El Salvador a la que había sido iglesia del hospital de Antón Martín en la calle Atocha, que hoy se llama parroquia de El Salvador y San Nicolás. La vieja San Nicolás de Bari se conoce actualmente como San Nicolás de los Servitas.

Iglesia San Nicolás de los Servitas
En la plaza del mismo nombre se encuentra la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, posiblemente la iglesia más antigua de todo Madrid (s. XII). Su cercanía al recinto musulmán y la torre exenta mudéjar, rematada por un chapitel de Juan de Herrera de pizarra puede hacer pensar si no se trataría del minarete de alguna vieja mezquita.

El retablo mayor es obra de Juan de Herrera y aquí fue enterrado en un primer momento, aunque más tarde sería trasladado a Santander, su ciudad natal.