Fitur 2016

Los pasados 20 a 24 de enero tuvo lugar la primera feria de turismo a nivel internacional, FITUR. Y digo primera, porque cronológicamente es la primera que se celebra dentro del calendario de cada año; otro cantar es la posición que ocupa en el ranking internacional, pues ferias como ITB (Berlín) y WTM (Londres) vienen pisando fuerte y puede que el título de “primera” vuele a países paradójicamente menos turísticos que España.

No sé nada de economía de mercado, pero mi olfato de viajera y ciudadana de un país inmerso en la crisis, me dice que si FITUR no va bien, el país tampoco.

Por cuestiones personales no pude asistir a esta feria de turismo en los dos últimos ejercicios; pero el último al que asistí, el 2013, fue verdaderamente lamentable. Por ello, este año no me lo podía perder; había que comprobar si “los brotes azules” se vislumbraban ya en la economía española.

Las cifras que los organizadores dan son halagüeñas: 231.677 asistentes (entre profesionales y público en general) –un 5% más que el ejercicio anterior-; 164 países o regiones participantes; 9.605 empresas expositoras –un 2% más que el 2015- y una ocupación de 58.000 metros cuadrados.  No es para tirar cohetes, pero no está mal. Se va sacando la cabeza.

La percepción que el visitante de "a pie" ha podido llevarse de esta 36º edición ha podido ser bastante optimista (entendiendo por "visitante de a pie" a aquel que no se acerca a FITUR a realizar entrevistas que le puedan proporcionar pingües negocios, sino simplemente a pasar un día agradable, hacer acopio de folletos para sus próximos periplos y, si encarta, tomarse un mojito o bailar una bossa nova.

Nos queda aún mucho recorrido para volver a las cifras de la pre-crisis en que la feria ocupaba diez pabellones y superaba los 80.000 metros cuadrados de ocupación, pero todo se andará y parece que vamos por el buen camino.