Conocer Madrid - ¿Cómo fueron sus inicios?

Carpetana (Imagen propiedad de Metro Madrid)
Los restos arqueológicos nos cuentan que ya por el pleistoceno medio o el paleolítico inferior había habitantes por la zona que hoy conocemos como Madrid; es decir, los primeros madrileños ya se apellidaban Homo Erectus. Tras la glaciación, sólo sobrevivieron los más fuertes y fueron asentándose en terrenos donde hubiera vegetación y agua en abundancia; así llegaron a Madrid nuestros casi abuelos. ¡No me he equivocado, no! En Madrid había muuuuucha agua gracias a su gran río Manzanares, cuyo caudal entonces, claro, era más de cinco veces lo que es hoy.


Conforme dejábamos nuestra prehistoria y nos introducíamos en la historia, los íberos se iban creando un nombre por toda la cuenca mediterránea y es ya mencionado por historiadores de la Grecia clásica, como antiguos pobladores de la península. Nuevas tribus fueron llegando y uniéndose a los antiguos moradores: celtas, y tartesios; fenicios; griegos; Cartagineses, recibiendo nuevos nombres según el lugar de asentamiento. Como nuestro referente van a ser los primeros pobladores de nuestro querido Madrid, de ellos nos ocuparemos. Se les bautizó como carpetanos y se establecieron por toda la zona de Toledo, Ciudad Real y Madrid. Numerosos restos hallados, sobre todo en la zona de Rivas Vaciamadrid y el cerro de la Gavia (Vallecas), han permitido a los estudiosos deducir que los antiguos madrileños fueron un pueblo ganadero y de labradores, dedicados también a la caza, que vivían en pequeños poblados en las riberas de los ríos.

Con esta amalgama de culturas venida de regiones indoeuropeas, del Líbano,
Complutum
del norte de Túnez,... y tras unas encarnizadas luchas contra los cartagineses, llegamos al año 200 a.C. en que los "madrileños", oriundos de aquella Carpetania, comienzan a luchar con militares romanos que pretenden conquistarlos; doscientos años les costará ganar la Hispania. En su nueva organización, Madrid quedaría asignada a la provincia Citerior y ya pacificados, se comienzan a asentar formando poblaciones: Villaverde (s. I d.C.). Carabanchel, Vallecas, Getafe, Talamanca, etc., aunque sin gran relevancia ninguna, salvo Complutum (Alcalá de Henares), sí se verían beneficiadas por encontrarse en cruces de caminos romanos.


Estos caminos romanos, conocidos hoy como calzadas, atravesaban Madrid procedentes de Segovia y conectaba Titulcia (cerca de Aranjuez) y Complutum y las dos grandes vías hacia Emérita Augusta (Mérida), Toletum (Toledo) y Caesar Augusta (Zaragoza).

Llegamos a un escabroso tema: ¿cuál es la procedencia etimológica del topónimo Madrid?

Propuestas hay para todos los gustos -procedentes de doctos o de anecdotario popular- pero ninguna confirmada; por ello nos atendremos a las conclusiones del gran lingüista Menéndez Pelayo y es que ninguna está científicamente comprobada.

Desde los que han defendido que procede de las etimologías árabes:

  • Juan López de Hoyos (catedrático de Madrid y maestro de Cervantes) defiende que el nombre es arábigo y quiere decir: "lugar ventoso, de aires subtiles y saludables, de cielo claro y sitio y comarca fértil".
  • Sebastián de Covarrubias (gran lexicógrafo y autor del Tesoro de la Lengua Castellana, nuestro primer diccionario), deducía que como Madrid no figuró en la Historia hasta la época de dominio musulmán, cualquier etimología árabe sería una solución aceptable: Mandrid, aprisco omaiada; "terrones de fuego", por estar fundada sobre pedernales que echan fuego; "Madre del saber" por ser el sitio donde se encuentran las escuelas de la ciencia en tiempos de moros; "horcayo", por los tres caminos que la cruzaban.
pasando por los que sostienen que su procedencia es latina:


  • Jerónimo Quintana (historiador y escritor de la primera historia completa sobre la capital española) defendía que Madrid era una degradación del nombre que los romanos impusieron llamándole Maioriío, para pasar a ser Mageriío

¿o será de origen germánico, como aseguran otros?


  • Según la teoría de J. Jungfer existe una gran cantidad de poblaciones en España cuyo topónimo procede del nombre del godo que lo poseyó; en este caso sería Mathrid, iranco Medarid, que significaría "caballero honrado, valiente".
¿Quizá proceda del griego?

  • Miguel Cortés y López en su diccionario histórico-geográfico de la España antigua asegura que la mansión que en el Itinerario de Antonino se llama Miaccum es idéntica a Madrid, apoyado en el nombre de tiempos más modernos, Meaques, correspondiente a un despoblado en la Casa de Campo, al parecer muy alejado de Madrid para relacionarlo con ella.
  • Theodotos, en su Messager d'Athenes, defiende que procede del griego mádrva, que significa endrina o madroño y su derivado madrveidé, abundancia de madroños.
Por todo ello, Menéndez Pelayo califica el tema de "dificilísimo, hasta ahora desesperado".

Por todo ello, no vamos a especular más y nos ceñiremos a la historia de Madrid que se conozca fehacientemente y esto es a partir de la dominación árabe, pues entre otras cosas, es cuando la villa empieza a tener cierta importancia.

En el año 711 los árabes llegan a la Península y la terminan conquistando salvo un pequeño reducto en el norte -Asturias-, de donde comenzaría la reconquista. Toledo sería uno de sus puntos fuertes en la meseta y para su defensa levantan una atalaya en una colina cercana al río Manzanares, donde ya se encontraba una pequeña población visigoda.

Plano de Mayrit
Siglo y medio después, el emir Muhammad I funda la ciudad de Mayrit a modo de una almudayna (fortaleza). Amuralla el recinto y construye un alcázar (con residencia y una mezquita), rodeado de fosos (hoy las cavas) y le dan el nombre de Mayrit. El nombre deriva de las numerosas acequias conocidas como machrá (matrice en su versión latina), que con el sufijo -it deriva en Machrit, lugar que recibe abundantes aguas (Magerit para los cristianos).

La ciudadela tenía una forma cuadrada e irregular y al exterior quedaba la vega dedicada al cultivo y la almuzara (terrenos públicos de esparcimiento). Mayrit va creciendo exponencialmente hacia el Este y el Sur y tomando rango de ciudad.

En el año 932, Ramiro II con sus tropas saquean la ciudad "por la gracia de Dios", destruyen la muralla y se marchan satisfechos. Dos años después, el Califa de Córdoba, Aderramán III manda reconstruir las fortificaciones, por considerarlas estratégicas.

Madrid florece culturalmente y cuenta con médicos, filósofos, siete escuelas de astronomía, tribunales,...

Entre 1.080 y 1090 Alfonso VI (rey Castellano-Leonés) entra en Madrid, reconquistándola y convivirán en buena armonía las tres culturas; aunque las mezquitas se reconvierten en iglesias -la Mezquita Mayor se dedica a Santa María- y se abren nuevas puertas en la ciudad (Puerta Cerrada, Guadalajara, Moros y Balnadú).

Durante esta década nace también el patrono de Madrid, San Isidro (1082-1172) y en 1085 es donde la leyenda popular entorno a la Virgen de la Almudena tiene lugar: cuentan que Santiago Apóstol trajo la figura de la Virgen. Lo cierto es que desde siempre se había venerado, como Patrona, una Virgen llamada Santa María de la Vega y cuando la invasión árabe fue un hecho y se comenzó a construir la muralla, escondieron a la Señora en un cubo de la misma. Con la conquista de Magerit por Alfonso VI convocó una procesión y al pasar por el cubo donde estaba la Virgen cayeron unas piedras que dejaron a la Virgen al aire; pero no solamente eso, sino dos cirios... encendidos!

A comienzos del siglo XII, cuando muere Alfonso VI, Alí ben Yusuf, rey almorávide, ataca y conquista de nuevo. Abate la muralla exterior y la media, pero la gente, refugiada en el alcázar defendido por la muralla interior resistió y milagrosamente una ola de peste asola el bando árabe que sale huyendo a Sevilla.

Alfonso VII reconquista definitivamente Madrid y le hace entrega de su Carta de Otorgamiento (futuro Fuero -deberes y privilegios de las gentes de Madrid-); en 1129 autoriza el poblamiento del barrio de San Martín en torno al monasterio benedictino (calle Arenal), dejando a judíos, árabes y moriscos, en barrios separados.

El "Foro Viejo" de Madrid, que se conserva actualmente en el Archivo General de
Fuero de Madrid (imagen propiedad de abc.es)
la Villa, escrito en letra gótica, en tinta parda y anotaciones y letras capitales en rojo. El códice consta de cuadro cuadernillos (el segundo de ellos se ha perdido), con 142 leyes y está datado al Concejo de Madrid en 1202 y fue redactado durante el reinado de Alfonso III.


Muy debatido ha sido la lengua en la que está escrita el fuero y dado que fue redactada en tres épocas distintas, parece que las más antiguas lo están en latín para ir pasando progresivamente al romance y aun así la sintaxis corresponde a lengua romance.

Una de sus notas más destacables, teniendo en cuenta que su redacción sucedió en la alta edad media, es el tratamiento igualitario ante la ley de todos los vecinos: Esta es la carta foral que elabora el Concejo de Madrid para honra de nuestro señor, el rey Alfonso y del Concejo madrileño, a fin de que ricos y pobres vivan en paz y en seguridad.

Como cosa curiosa, se nombra Madrid de cinco maneras distintas: Magerit, Magirto, Madrit, Madride y Madrid. Esta última es la voz más común en el fuero. 

Este Fuero atañía al vecino o hijo de vecino; es decir, recibía el mismo trato el heredero -por el hecho de tener casa, viña o heredad-, el morador -el que habitaba en casa alquilada- y el albarrán, que era el foratero, que por el mero hecho de vivir las dos terceras partes del año en Madrid, se adquiría la vecindad de la villa. Incluía también a los aldeanos, que vivían fuera de la muralla; a los mozárabes, musulmanes convertidos al cristianismo y a moros cautivos.

Algunas leyes que hoy pueden resultar, por lo menos curiosas:

  • Los golpes o heridas se sancionaban con multas según la gravedad y según con qué se hubiera producido la herida. El denunciante debía aportar dos testigos y "pechar" (verbo que se utilizaba por pagar) una multa en maravedíes de plata (moneda de origen árabe que comenzó a circular en el siglo XI, sustituyendo a las monedas romanas).
  • Todo hombre que jugara a los chitos y al arrojar el tejo, hiriera a algún vecino debe probar que fue hecho sin querer con la presencia de seis tetigos; pagar la cantidad para curar la herida; salvo que no aporte los seis testigos, en cuyo caso pagará una multa. (El cito era un juego consistente en tirar tejos o discos de hirro a un cilindro de madera, llamado tanto, sobre el que se colocan las monedas apostadas; el jugador que logra derribar el tango se lleva las monedas más cercanas a su tejo que al tanto.
  • "Mesar" es arrancar los cabellos o barbas con las manos y era considerado como una acción muy deshonrosa, el peor de los insultos; tanto es así que el Fuero Viejo de Castilla distinguía hasta «una pulgada de mesada». Ahora bien, distingue entre mesar en público, dentro de la villa, que conllevaba una buena multa, o hacerlo en el campo, en que no se daba importancia y menos si era de un "madrileño" a un "aldeano"
  • El alcalde tenía funciones jurídica y decidía, a la vista de los hechos, se el acusado era culpable o no.
  • La expresión de "y no salga enemigo", se refiere a la pena de destierro,, muy frecuente en aquella época y efectiva dado el carácter amurallado de las villas
  • El homicidio tenía tres tipos de pena: la pecuniaria, el destierro de la villa y la enemistad (que daba derecho de venganza privada de cualquier miembro de la familia del muerto.
  • El vecino que matase a otro debía "pechar" cien maravedises de oro y los gastos de entierro y la forma de pago era llamativa: los cien maravedises debían pagarse en tres viernes consecutivos; el primer viernes a los parientes del muerto, el segundo a los fiadores y el tercero, al Ayuntamiento destinado a la construcción de la muralla. Si no dispusiera el culpable de los cien maravedíes, lo que encontrasen de su propiedad se dividiría en las mismas tres partes, se le cortaría la mano y saldría desterrado en calidad de enemigo particular. Pero, si se diera el caso que el inculpado fuera "albarrán o forastero", el Fuero ordenaba ahorcarlo.
  • El maravedí de oro fue una monedad creada ya por Alfonso III (equivalía a 80 reales). Se pagaban en viernes porque era el día que se reunía el tribunal de alcaldes. 
  • Había vocablos vedados y penados con un maravedí (medio al demandante y medio a los fiadores), entre ellos: "puta" o "hija de puta" o "leprosa"; "sodomita" o "hijo de sodomita" o "conrnudo" o "falso" o "perjuro" o "leproso".
  • Los cuchillos y armas en general estaban prohibidas dentro del recinto amurallado; se pensaba que la amenaza siempre venía de fuera.
  • El Concejo vigilaba la entrada de mercancías y los precios. Se vigilaban pesos y medidas.
  • Se castigaba el vicio de aguar el vino.
  • Una serie de leyes ordenaban la limpieza de calles y ríos (estaba prohibido lavar pieles en las fuente).
  • Hay un fuero notable que previene que al cedrero que viniere a Madrid a caballo y cantase en el concejo, no se le diesen mas que tres maravedís y medio, por muy famoso que fuese.


Escudos de Madrid
Anterior a 1200

  • El primer escudo, de fecha desconocida, pero anterior al año 1200, representaba un pedernal sumergido en parte en agua en alusión al gran caudal que llevaba el río y dos eslabones que frotan la la piedra de sílex de sus murallas de la que con facilidad salían chispas y circundando todo el conjunto, una cinta azul con inscripción "Sic gloria labore" según nos relata López de Hoyos. Además, aparecía acompañado de la siguiente leyenda: "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignea y blasón".
1212
  • La primera vez que se exhibe un escudo que represente a la villa de Madrid, allende sus "fonteras" será en el estandarte que las tropas madrileñas en apoyo a Alfonso VIII de Castilla llevan a la Batalla de las Navas de Tolosa contra el califa Muhammad an-Nasir (1212, aunque es seguro que existiría anteriormente) y es representado por un oso paseante con la constelación de las siete estrellas del carro celeste en dirección al rabo del animal.







  • El fuero de 1202 que recogía los usos y costumbres y estructuraba la vida de los madrileños, estipulaba, entre otras muchísimas cosas, el derecho a disfrutar de las tierras y montes de Madrid hasta parte de la Sierra. Esto dio lugar a múltiples pleitos entre el Municipio y el Cabildo por la posesión de pastos, tierras y caza en los montes, que fue dirimida de manera salomónica, en 1222, con el otorgamiento de los pastos (producto de las tierras que circundaban el castillo de Madrid) a la Iglesia y los pies de árboles y caza al Municipio. 



    1222
    1222

 Para refrendar este acuerdo, adoptan el símbolo de la osa rampante sobre un madroño por parte del Concejo y la osa pasante por parte de la Iglesia, en clara alusión al pacto alcanzado.



Posteriormente, el clero decide plasmar mejor las diferencias y acuartela el escudo y en forma de aspa sitúan a la osa pastando  y el castillo en el los cuartos opuestos, aludiendo a la inclusión de las tierras aledañas al castillo también.


A su vez, el Concejo añadía siete estrellas de plata en una orla, correspondientes al carro celeste, que ha conservado hasta la actualidad, aunque no se haya seguido respetando la situación de las estrellas.

1554
  • En 1544 se celebran Cortes en Valladolid, asistiendo en representación de Madrid don Juan Hurtado de Mendoza y don Pedro Xuarez, a quienes otorgó Carlos I, haciendolo extensivo a toda la villa de Madrid (aquí se había cuarado de cuartanas y estaba muy agradecido), la gracia de poder añadir la corona real a sus símbolos. Así, se coronó al madroño (existe también la leyenda de que precisamente con hojas de madroño curó el emperador tan desagradables dolencias).
s. XVII



  • Durante el siglo XVII, sin fecha determinada, comenzaron a circular sellos de correos que situaban la corona encima del blasón y en algún momento se pensó que era más acorde, aunque las proporciones dejaran algo que desear.

1822
  • Nos cuenta López de Hoyos que al llevarse a cabo en ensanche de Puerta Cerrada (1569) "se derribaron cosas y casas y entre ellas había una piedra barroqueña labrada que estaba en lo más alto de la muralla en que figuraba un espantable dragón, el cual traían por armas los griegos usándolas en sus banderas".
Al parecer el dragón no era tal, sino una culebrina (según corroborara Ramón Mesonero Romanos) y por aquellas cosas que ocurren, el dragón -que terminó siendo alado- comenzó a verse en blasones, incluso en frescos en el techo del Ayuntamiento, por lo que se optó por añadirlo a nuestro escudo, aunque en forma de grifo -es decir, medio cuerpo superior de águila y medio inferior de león; al que se le añadiría asimismo, una corona cívica sobre campo de oro otorgada por las Cortes en 1822. La corona real ha desaparecido y la orla también; las estrellas han cambiado su distribución.

Durante la segunda república la corona fue sustituida por las torres almenadas de un castillo.

  • Finalmente, en 1967 el Ayuntamiento en pleno, dispone un nuevo escudo,
    1967
    cuyo texto con instrucciones rezaba así: "En campo de plata un madroño de sinople (color verde en heráldica) terrasado de los mismo, frutado de gules (en heráldica rojo vivo) y acostado de un oso empinante de sable (negro) y bordura de azur (en heráldica azul oscuro), cargada de siete estrellas de plata; al timbre, corona real antigua.". Y sigue siendo el oficial hoy en día.



Quisiera dar las gracias al Restaurante El Madroño en Puerta Cerrada, 7, porque de su gran mural de azulejos con la historia del escudo de Madrid, he podido extraer cada uno de ellos. Y aprovecho para animar a mis lectores a darse una vuelta por allí, pues además de comer muy bien, podrán disfrutar de algo tan típicamente madrileño como un chupito de licor de nadroño, servido en vasitos comestibles de barquillo y chocolate, que son una delicia.