Costa norte mediterránea (Viaje a Israel y Jordania - Capítulo 1)

19 de junio a 13 de julio de 2015

He de confesar que unos de mis vicios es leer todo relato de viaje que aparece en la web. Los viajes físicos que llevo a cabo me resultan insuficientes e invierto muchas horas de mi tiempo viajando con los zapatos de otros. Así fue como nació la idea de este viaje.

El otoño pasado, leyendo un reportaje de Pablo Lozano en el blog "Viajes y Fotos" http://blog.viajesyfotos.net/viajar-a-israel-algunas-recomendaciones/, me encuentro con esta guinda: "A lo mejor llevas tanto tiempo deseando viajar a Israel como yo llevaba, y, como yo hacía, lo vas posponiendo con la esperanza de que las cosas se arreglen por allí... Si ese es tu caso, para ti estoy escribiendo estas líneas". Y efectivamente, como si hubieran sido escritas para mí, en un impulso de valentía compré los billetes para ocho meses después.

No era mi primera visita a Tierra Santa; allá por los finales de los 70 y como una parada más de un crucero por el Mediterráneo, puse los pies en este enigmático país, aunque evidentemente me supo a muy poco: una rápida visita al Muro de las Lamentaciones y las espectaculares vistas desde el Monte de los Olivos fueron lo suficientemente fuertes como para comer el plato fuerte de aquel aperitivo muchos años después.

"There is nothing like returning to a place that remains unchanged to find the ways in which you yourself have altered" (Nelson Mandela).

Jerusalem desde Monte de los Olivos (1978)
Muro de las Lamentaciones (1978)
Jerusalem desde Monte de los Olivos (2015)



Ha sido uno de mis viajes más improvisados debido a falta de tiempo y el casi convencimiento de que una efervescencia en la lucha Israel-Palestina, nos obligarían a cancelar los billetes. El verano de 2014, las conversaciones de paz auspiciadas por Estados Unidos colapsaron y comenzó una escalada de violencia: Hamas lanzó cohetes sobre territorio israelí e Israel recrudeció sus ataques aéreos sobre Gaza. Una lucha de David contra Goliat y en este caso, David representa al pueblo palestino. Obama parece que ha tirado la toalla y las Naciones Unidas reconocen que lo que se está cometiendo en Gaza vulnera todos los derechos humanos, pero la situación tiene una difícil solución que convierte la zona en una bomba de relojería constante.

20 junio 2015

¡Ya estaba hecho! A las 5:00 de la mañana aterrizábamos en Tel Aviv y todo transcurriría como la seda hasta el día de nuestro regreso.

No sé si por lo intempestivo de la hora o porque las cosas estaban tranquilas, nuestra recepción por parte de la policía israelí fue de lo más light; creo que ni un "Shalom" nos dirigió. Foto y emisión de documento que te acredita como turista durante tu estancia en la "tierra prometida". Todo en cinco minutos. Recogida de equipaje y directos a Sixt, compañía con la que habíamos alquilado un coche y que estaba ya abierta. El transporte desde el aeropuerto Ben Guirion tanto a Jerusalem como a Tel Aviv es fácil y los servicios de trenes y autobuses son buenos; pero teniendo en cuenta que llegábamos en Shabbat y que lo único que habría disponibles eran los taxis y con buen suplemento, decidimos optar por alquilar el coche desde el primer momento, aunque lo tuviéramos parado 24 horas.

Sin mayor problema, nos asignaron un Mitsubishi que cumplió todas nuestras expectativas durante el viaje. Esta vez, dispondríamos de un amplio maletero que nos evitaría el bonito número de viajes anteriores, en que ni el mejor jugador de Tetris podría superarnos colocando el equipaje en minúsculos espacios portaequipajes. La elección de la "rent a car" no fue gratuita tampoco; en los múltiples diarios de viajes que había leído, parecía que esta compañía en algún lapsus de tiempo permitía la entrada de sus coches en territorio cisjordano y , ante la ligera posibilidad de que así fuese, opté ella. Pero no fue así; ante mi pregunta de que si podía viajar por la famosa Carretera 90 y pisar "territorios enemigos", la respuesta fue tajante: "ni hablar del peluquín" (sin tanta chulería, pero igual de contundente). Comenzábamos a darnos cuenta de que en este país nada es porque sí.

Llegando a las 5 de la mañana no reservamos hotel para esa madrugada, pero sí para su noche y nos pasaríamos ese día descansando y como toma de contacto.

Una "paletada" con el GPS, nos hizo recorrer y conocer Tel Aviv y sus extrarradios con minucioso detalle. Finalmente, llegamos al hotel, que amablemente nos dejó ocupar la habitación antes de tiempo y nos echamos una "siesta gorrinera", hasta que los estómagos empezaron a recordarnos su existencia y ya repuestos nos dispusimos a dar un paseo y buscar dónde comer.

La oferta hotelera en Israel es, no solamente carísima, sino malísima. Tenía claro que quería estar cerca de la playa y que por supuesto tuviera baño individual. Por comentarios en Booking elegimos el Sun Aviv Hotel (90 dólares sin desayuno) y sería el equivalente a un hostalito básico de España. Lo bueno: la ubicación; al lado de la Shalom Tower y  en cinco minutos estábamos en el Paseo Marítimo.

Tel Aviv
Era Shabbat y se notaba. Además del poco tráfico que había, daba gusto ver a las familias disfrutar verdaderos días de picnic en medio de la ciudad. La vera del mar va alternando zonas ajardinadas con playas aptas para el baño, que son un reclamo para el ciudadano de Tel Aviv. Van provistos de hamacas que cuelgan de los árboles, barbacoas, los juegos de los niños, las mascotas; los ciclistas, los surfistas; todos se dan cita en este espacio abierto y todo vale para disfrutar de su día de esparcimiento.

Unos 2 kms. desde el David Intercontinental Hotel, donde desembocaba nuestra calle a la llegada al mar, hasta la antigua Jaffa, que es un paseo harto recomendable.

Jaffa hoy es un coqueto puertecito árabe, muy turístico con restaurantes, cafés y tiendas de arte. Fundado, según la Biblia hebrea por Jafet, hijo de Noé, cobró una gran importancia en tiempos de Salomón durante la construcción del templo de Jerusalém. Conquistada por asirios, persas, islamistas, otomanos, cruzados, mamelucos y por el mismísimo Napoleón, sus piedras conservan una buena parte de la historia de Israel. Este puerto sería también la puerta de entrada de inmigrantes judíos que llegaban en barco a mediados del siglo XIX y fue protagonista, asimismo de numerosos disturbios entre judíos y árabes, hasta que estos últimos huyeron con la derrota de 1948.

Según nos íbamos acercando a Jaffa aparecían una serie de restaurancitos con terrazas muy agradables, que invitan a probarlos. comimos estupendamente en uno de ellos. Muy caro, pero ya nos iríamos dando cuenta de que la vida está bastante más cara que en España.

Con los estómagos ya llenos nos dispusimos a hacer turismo en Jaffa. No es que haya muchísimo que ver, pero si que estaba todo en cuesta. Pasar antes de nada por el Centro de Visitantes, además de ver zonas excavadas de tiempos griegos y romanos, puede ofrecer una idea de lo que Jaffa fue en tiempos pasados. Estaba cerrado, pues los sábados cierran pronto. Sus principales puntos de interés son el Monasterio de San Pedro, gran iglesia franciscana que preside la plaza; la Torre del Reloj de tiempos de los otomanos; el Anfiteatro; la curiosa escultura maya que representa la caída de Jericó, el sacrificio de Isaac y el sueño de Jacob; el Puente de los Deseos, por el que hay que pasar, tocar tu signo del zodiaco, mirar al mar y pedir un deseo que se hará realidad -no sabemos el motivo, pero estaba cerrado, Por no perder la oportunidad, dibujamos el signo zodiacal de cada uno y en la misma entrada del puente, pedimos nuestro deseo-;  la Casa de Simón el curtidor, donde se dice que el apostol Pedro se alojó tras resucitar a Tabita; la Roca de Andrómeda: no hay alusión alguna, pero desde ella, cuenta la mitología griega, que la diosa Andrómeda fue encadenada y liberada por Perseo que cabalgando sobre un caballo alado, la rescató de las fauces del gran monstruo marino.

Poco más os puedo contar de Tel Aviv. Lo que he visto me ha gustado y mucho, aunque reconozco que estaba muy condicionada por la opinión general de la gente de que "Tel Aviv no tiene nada de interés". Creo que discrepo, pero pasé de largo.
Tel Aviv

Tel Aviv

Tel Aviv


Jaffa

Jaffa

Escultura neomaya (Tel Aviv)

Torre del Reloj (Jaffa)

Jardines HaPisgah (Jaffa)

Etzel Museum (Tel Aviv)

21 de junio

A la mañana siguiente, tempranito, -entre otras cosas porque habíamos dejado aparcado el coche en una plaza de la que no teníamos claro si había que pagar ticket o no, pero allí estaba el coche y sin multa-, salimos a nuestro periplo, más o menos programado.

La primera parada sería en Cesarea, a 54 kms. de Tel Aviv, por cómoda autopista.

Cesarea, fundada por fenicios, se convirtió en una de las grandes ciudades del Mediterráneo que rivalizaba con Alejandría o Cartago, gracias a Herodes sobre el año 22 a.C, que en honor al primer emperador romano, Augusto, creo la gran capital romana de la región. Poncio Pilato residió en ella y el Nuevo Testamento asegura que un centurión romano fue el primer gentil que se convirtió al cristianismo y fue bautizado por San Pedro.

Años después, su anfiteatro se convirtió en el escenario en que fueron ejecutados miles de prisioneros que se sublevaron contra el Imperio Romano. Árabes y Cruzados se sucederían en imponer su poder, hasta que fue devastada por el Sultán mameluco Baibars en 1261. A mediados del siglo XX, comenzaron las excavaciones y hoy, Cesarea es un gran parque arqueológico, muy bien sacado a flote, muy bien conservado y en el que están representados claramente los periodos de conquista por los que pasó: el anfiteatro herodiano, el anfiteatro romano, la ciudadela cruzada, la mezquita,...

La visita al parque se hace muy agradable, pues está casi toda a la verita del mar y para nuestro mayor satisfacción, estaba nublado. Se complementa con dos proyecciones: ¡en español!, lo que se agradece. En una de ellas, el visitante puede pedir a Herodes que le cuente algo de su vida o al mismísimo Poncio Pilatos preguntarle porque prefería vivir en Cesarea que en Jerusalen o Jaffa.

Cesarea

Cesarea

Cesarea

Cesarea

Cesarea

Cesarea

Palacio del Promontorio (Cesarea)

Calle bizantina (Cesarea)

Hipódromo (Cesarea)
Anfiteatro romano (Cesarea)


Haifa, a 43 kms. de Cesarea era nuestro siguiente punto y lo que nos llamaba a ser parada obligada eran unos jardines; jardines que no puede perderse nadie que pase por la zona. En Haifa está el centro mundial del bahai, pues aquí se encuentra el sepulcro de Bab, fundador de la religión.

Tenía una ligera idea de la existencia de una religión llamada Bahaísmo, pero lo desconocía todo sobre ella. A priori, sus grandes titulares me gustan: la existencia de un solo Dios; la igualdad y la unión de los seres humanos y la unidad de todas las religiones. Suena francamente bien. Tras los profetas que han marcado los distintos caminos de las religiones existentes en nuestro planeta: Abraham, Moisés, Buda, Krishna, Zoroastro, Jesús y Mahoma, el siglo XIX nos trae a Ali Muhammad (1819-1850), que asegura que él era el "Bab" (la puerta) a través de la que se revelarían las profecías. Pronto tuvo multitud de seguidores, llamados babis, pero fue detenido y fusilado por herejía contra el Islam. Década y media más tarde, Mirza Hussein, se atribuye el título de Baha'ullah. Perseguido y expulsado de Persia, pasó de encarcelamiento en encarcelamiento por Constantinopla, Adrianópolis y finalmente, Acre -en la Palestina otomana-. En su celda sentó los principios del Bahismo: esta religión no debe ser transmitida por nacimiento, sino adoptada, si se desea, a los 15 años; proclama la igualdad de los sexos, la unidad de la humanidad, la paz mundial, la necesidad de una educación obligatoria universal y la armonía entre la religión y las ciencias. Platónica, pero ideal.

Siguiendo carteles llegamos hasta una bonita verja que aparentemente debía ser la entrada principal. Nos dicen que se puede entrar a los "jardines", pero nada más. Se cierra a las 12:00 y sería sobre las 13:00; además hay una visita guiada para un máximo de 60 personas, por riguroso orden de llegada. Bueno,... veríamos los jardines, aunque no el Santuario. Muy bonito, muy cuidado, pero esto no era la realidad de las fantásticas fotos que había visto en reportajes de los jardines del santuario de Bab construidos en la ladera del Monte Carmelo y declarados patrimonio mundial de la Unesco en 2008. Indagando a la salida, efectivamente tenía que subir algo más. ¡Esto si que era bonito! Solo nos permitieron bajar tres niveles de escalera, pero fue suficiente.

Además del Santuario y los jardines, un poco más arriba, se encuentra la Casa Universal de Justicia, edificio cerrado al público, desde el que se gestionan las cuestiones espirituales y administrativas de los bahaíes.

Se nos había echado encima la hora de la comida y el buscar restaurante nos permitió ver algo más de la ciudad, que en principio no nos pareció  relevante. Hoy, Haifa es la tercer ciudad del país; puerto natural, con una población heterogénea compuesta de árabes y judíos que se precian de ser un modelo de tolerancia para el resto del país.

Me llamó mucho la atención, un parque tecnológico en su extrarradio, compuesto por edificios de la principales marcas tecnológicas mundiales: Google, Intel, IBM, etc.
Casa Universal Justicia Bahi (Haifa)

Jardines Bahí (Haifa)

Vistas desde Santuario Bahí (Haifa)

Jardiines Santuario Bahí (Haifa)

Santuario Bahí ( Haifa)

Haifa

Sail Tower (Haifa)


Visto y no visto (25 kms.), estábamos ya en nuestro destino final de aquel día: Acre o Akko. Había hecho una reserva en Booking en un hotelillo que tuviera baño privado y no pasase de los 100 euros; poco había donde elegir, diría que el único. Nzar Khouring for hosting (la dirección ponía exactamente -lo especifico por si a alguien le ocurre lo mismo que a nosotros-: Old City, Near Ha-Hagana St.). Old City no es nada, pues todo Akko es Old City, salvo la ciudad nueva, que está alejada y fuera de las murallas; luego, una vez localizada la calle Ha-Hagana, parecía que preguntar por el establecimiento sería suficiente y fácil. Bien nos recorrimos la calle entera y sus aledaños. Preguntamos a una veintena de personas que todas parecían conocerlo, pero nos mandaban de punta a punta, sin dar con ello. Cuando más desesperados estábamos y decididos buscar otro alojamiento, dimos con ello. Una puerta tétrica te conducía a una veintena de escalones y otra puerta con un cartel de "So sorry I will come back soon". Aquello fue el remate. Me resistía a tirar por la calle de en medio, pues el alojamiento estaba prepagado, por lo que esperamos una media hora y apareció el buen hombre, deshaciéndose en perdones. La habitación menos que básica, pero cuando nos enseñó la una gran terraza que daba a la muralla y detrás de ella el mar y el cielo que nos regalaba en aquel momento una puesta de sol que se quedará en mi retina durante el resto de mis días. Se me olvidaron todos los inconvenientes y disfruté del momento.

La búsqueda del hostal no había sido el único incidente del día. Al llegar a la minúscula placita en el puerto, donde hay un pequeño aparcamiento, una señora de pie en medio de una plaza me dice que su hermano ha ido a buscar el coche para aparcar allí y que lleva un cuarto de hora reservando el sitio. Cuando vió que iba en serio y que "estábamos dispuestos a llevárnosla por delante", se apartó refunfuñando. Ya empiezo a notar que esta gente es, cuando menos, especial.
Acre al atardecer

22 de junio

La pérdida de tiempo de ayer a la búsqueda del hotel, nos ha trastabillado los planes y es que en Acre hay muchisimo que ver; en su superficie y en sus subterráneos.

Acre o Akko, como era llamada según qué fechas, igual que el resto del país, hunde sus raíces, siglos antes de Cristo; tantos como XIX, en el que ya se la menciona en textos sagrados egipcios. Aquí se dice que Hércules paró a curarse las heridas y el propio Marco Polo pasó por aquí hace 800 años.

Conquistada por Alejandro Magno (en ella fundó una casa de la moneda que funcionó durante 600 años), posteriormente, por el rey Egipcio Ptolomeo II, los seléucidas de siria, los romanos encabezados por Pompeyo, los árabes, los cruzados (el periodo más turbulento de su historia) y los mamelucos, que redujeron la ciudad a escombros y su población emigró a Chipre y así permaneció hasta que 450 años más tarde un mercenario albanés, Ahmed Pasha al_jazzar, conocido como "El carnicero", aprovechó la debilidad del gobierno otomano y estableció un feudo, consiguiendo, con mano férrea, que fuera un puerto, lo suficientemente importante como para que Napoleón decidiera asaltarlo y que sería repelido por el propio Al-Jazzar con ayuda de la flota inglesa.

Cuando los británicos tomaron Palestina en 1917, Acre se convirtió en la principal prisión del país. Fue un semillero de la hostilidad árabe contra la inmigración judía, hasta 1948, en que fue tomada definitivamente por las tropas israelíes. Hoy conviven en paz, la minoría árabe y la mayoritaria colonia judía.

Acre sorprende al visitante, en primer lugar, por lo bien conservada y, en segundo lugar, porque es una ciudad para la que el turismo pasa a un segundo plano. Las tiendas del zoco, por ejemplo, no están orientadas al souvenir que reclame al visitante, sino que en ello se venden las especias, los cepillos de limpieza o las ropas de sus consumidores ciudadanos.

Era mucho lo que teníamos por delante, por lo que desayunamos en la esquinita, donde la muralla termina y te permite ver el mediterráneo en todo su esplendor, mientras subía la marea, más deprisa de lo que nos hubiera gustado.

El día anterior, el pequeño puerto con sus barquitos nos había ya encandilado. Su plaza -una pena que se permita la entrada de vehículos-, con la mezquita presidiéndola y sus coches de caballos, te trasladan a siglos anteriores.

Hoy empezaríamos por el Túnel de los Templarios, pues teníamos una de las entradas muy cerquita de donde estábamos, pero aunque el horario pregonaba que abrían a las 09:00, tuvimos que esperar más de media hora.

Los templarios pertenecían a una orden religiosa y militar que protegía a los peregrinos europeos que venían a visitar los santos lugares. El túnel, de 350 metros, conectaba la ciudadela con el puerto. Descubierto por casualidad por una vecina que se vio obligada a llamar a un fontanero para arreglar una obstrucción en un sumidero y desde entonces se habilitó para ser visitado por el público.

La visita de la ciudadela consume varias horas si se quiere ver con detenimiento. Está muy bien conservada y su recorrido muy bien explicado con videos esporádicos alusivos a lo que se está visitando y la vida cotidiana de aquella época.

Los caballeros hospitalarios de San Juan forman parte de una orden religiosa y militar católica, que entre otras actividades, tenía la función de atender a los enfermos en Tierra Santa. La orden trasladó su sede central de Jerusalem a San Juan de Acre entre los años 1191 y 1291 y la ciudadela es el complejo edificio que comprende varias plantas alrededor de una patio central de 1.200 m2 con un aljibe en el centro. Este edificio está dividido en la Sala Norte, dividida en seis salas; Sala de los Azucareros, industria desarrollada por los Templarios y donde se encontraron centenares de recipientes donde se guardaba el azúcar; la Alcantarilla principal, una torre de tres plantas que sirvió como sección de servicios sanitarios; la Sala de las Columnas, refectorio o comedor de los miembros de la orden; Sala de los Pilares, superficie de 1.300 m2 dividida en 15 salas idénticas; Calle del Sur; Sala Bella y Sala de los Prisioneros, con grilletes para sujetar a los prisioneros.

Ocho metros por debajo del nivel de la calle, nos encontramos con las Salas de los Caballeros y que eran el cuartel general de los caballeros de la orden pero que fueron abandonados y enterrados entre escombros cuando los mamelucos invadieron la ciudad. Cuando ésta se reconstruyó mereció más la pena empezar de cero y construir sobre las propias ruinas.

Mezquita El Jazzar. Es la más grande del país fuera de Jerusalem y la mayor de las erigidas durante el dominio otomano. Su gran cúpula verde y el esbelto minarete es un reclamo desde fuera, que resiste a las visitas, pues cuesta mucho llegar a ella entre las callejuelas del mercado. En la base del minarete se encuentra el sarcófago de Al-Jazar y su hijo adoptivo y sucesor, Solimán.

Pero Acre es mucho más de los que nosotros visitamos. Hay tickets conjuntos, en los que además, se puede visitar el Museo de los Prisioneros de los Movimientos Clandestinos; el Museo de los Tesoros de la Muralla; los baños turcos Hammam al-Pasha y el Museo de Arte Okashi.

Túnel de los cruzados templarios (Acre)
Túnel de los cruzados templarios (Acre)
Plaza de Venecia en el puerto de Acre



Típico puesto de especias en el zoco

Mezquita Al-Jazzar


Ciudadela de los Hospitalarios (Acre)

Patio central Ciudadela de los Templarios



De Acre a Rosh HaNikra no hay nada más que 18 kms., por lo que llegaríamos con buena hora para comer en uno de los restaurantes con vistas al mar que había visto en multitud de diarios.

Rosh HaNikra es el antiguo puesto fronterizo entre Israel y Líbano, hoy en día cerrado a cal y canto, por razones obvias. Un teleférico (la primera vez que bajo a la ida en uno de ellos) te hace descender a lo largo del blanco acantilado hasta el nivel del mar, en el que se puede uno adentrar en cuevas excavadas por el propio Mediterráneo y por unas pasarelas muy bien acondicionadas permiten visitar el sitio sin dificultad ninguna.

Nada más bajar del teleférico una simpatiquísima argentina nos dice que nos demos prisa, que estamos de suerte, pues en dos minutos comienza el video de 12 minutos, EN ESPAÑOL, sobre la historia del ferrocarril Haifa-Beirut. Las cuevas son una maravilla y bien merecen la visita.

Como si de reclamos turísticos se tratara y nada más lejos de ello; la puerta de la frontera con su cartel de "prohibido fotos" y custodiado por soldados que deben estar acostumbrados a "travesuras" como la mía y el túnel que se excavó en 1943, para ampliar la línea férrea entre El Cairo y Haifa y que pudiera llegar hasta Beirut.

Comimos en un restaurante precioso suspendido encima del mar -y muy bien, por cierto-, mientras veíamos patrullar los barcos de guerra de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano, supongo.

Teleférico Rosh HaNikra



Rosh HaNikra




Acantilado Rosh HaNikra
Rosh HaNikra


Paso fronterizo cerrado Líbano-Israel



Restauramte en Hosh HaNikra



Menú degustación (Rosh HaNikra)
Patrullero Naciones Unidas