Carta a la RAE

¿o no?
Querida RAE:

Va a permitirme el tono de familiaridad, pues no podría ser de otra manera, cuando llevo visitando su casa -en papel o virtual-, con una asiduidad casi diaria, desde que tengo uso de razón; de hecho, me gustaría seguir haciéndolo, pero mucho me temo que llegará un momento en que ya no sea necesario,... porque todo será válido.

Hasta hace no muchos años, si alguien rebatía la adecuada utilización de un vocablo cualquiera o su ortografía, se acudía rápidamente al sabio arbitrio del DRAE y se zanjaba el tema. Eso era ex cátedra. Punto redondo. No cabían más posibles discusiones. Hoy, todo es distinto,...

Comencemos por el nombre de su materia prima. Para los lingüistas, nuestra lengua, patrimonio de todos, es el ESPAÑOL. Me pregunto: un estamento como es el suyo, ¿no tendría nada que decir a los próceres que redactaron la Constitución Española?  (o es la Constitución Castellana, ya no sé). Por contentar a las comunidades autónomas bilingüistas o no herir susceptibilidades a los hispanoamericanos, nuestros políticos están consiguiendo que nuestra lengua española pase a tener la denominación del dialecto que fue hasta el siglo XV.


"No importa que no me entendáis. Que yo estoy hablando en mi lengua española, que es tan bella y noble que debería ser conocida por toda la cristiandad". (Carlos I de España y V de Alemania).


Ahora bien, dejemos el continente y pasemos al contenido. Cierto es que todo debe irse adaptando a los tiempos  -con más razón la lengua que es un ente vivo-; no es menos cierto que somos los hablantes los que hacemos que las lenguas cambien, bien sea por nuevas acepciones de palabras, bien sea por nuevos conceptos a los que hay que bautizar, ya por neologismos que nos vienen de otras lenguas y debemos adoptar,...; entonces, sus académicos, los reales académicos de la lengua, dan entrada a esos nuevos vocablos en el Diccionario, adaptándolos, cuando es necesario, a las singularidades de nuestro idioma. En palabras de Víctor García de la Concha (Presidente de la RAE hasta 2010): "La Academia no tiene como misión dar normas para que las sigan los hablantes, sino oír a los hablantes para deducir las normas que hay que seguir."


Miguel Molina, con el inigualable sentido del humor que le caracteriza, aseveraba en un muy buen artículo sobre "la modernez de la Academia": "Ya se puede decir con toda confianza y plena autoridad que alguien baja algo de la internet o lo sube, y que alguien más usa bluyines y bebe jaiboles mientras espera a su fisio antes de que le dé la neura. Es la modernez."

Y así debe ser; no se puede perder el paso con los cambios que la sociedad demanda (nuestros políticos se habrían visto en un buen apuro para denominar las medidas que hoy se están tomando, si no hubiera sido porque el año pasado la palabra "anticrisis" pasó a enriquecer nuestro acervo léxico).

Ahora bien, las medias tintas no son buenas para la enseñanza. Si pretendemos mantener la riqueza de nuestra lengua, no nos podemos permitir el titubeo: las cosas son correctas o no lo son.

Hay decisiones tomadas en su casa que no termino de comprender, pero de las que, ¡líbreme Dios!, me cuidaré mucho de no cumplir. Por ejemplo, nunca entenderé porque adoptamos como nuestras, palabras como "football" o "corner", pero las españolizamos: fútbol o córner (sé que el balón pié o la esquina, no han tenido mucho tirón entre la afición, pero entonces, ¡tomemos los términos como son!) ¿tenemos potestad para cambiar lo que no es nuestro? ¿no es tomarse muchas atribuciones llamar a los países como a nosotros nos suene mejor? Si "Qatar" es Qatar e "Iraq" es Iraq, ¿por qué nos empeñamos en que sean Catar e Irak?

Entiendo que se quite la tilde de la "o" entre cifras, por razones gráficas, que hoy tienen poco sentido, pero no entiendo que dejen a solo más solo que la una.

Me cuesta entender porque debemos prescindir de nuestros exclusivos dígrafos "ch" y "ll"; pero, por favor, le pido que defienda con uñas y dientes nuestra querida Ñ.

Por si no se ha dado cuenta, a las próximas generaciones no les hará falta aprender morfosintáxis, pues les dará los mismo que este, ese o aquel sean pronombres o adjetivos, irán siempre a cabeza destapada.

Pero como le comentaba, todo esto es cuestión de gustos y, en gustos, ya se sabe,... Son otras las cosas que a mi modesto entender resultan preocupantes y me refiero a ese viso de madre benévola, que quiere contentar a todos los hermanos para que no haya roces.

La be y la uve se han llamado siempre y se seguirán llamando be y uve, pero sí usted que me está leyendo, forma parte de esos tres hispanohablantes  de cada cuatro con una modalidad americana, quiere seguir llamándolas "be de burro o be de vaca", podrá hacerlo tranquilamente, porque para eso son mayoría.

El laísmo y el loísmo continúan siendo incorrecciones, pero como las más prestigiosas plumas de nuestro país han caído presas del leísmo, pues,... mire, como que ya no es tanta la incorrección y usted también puede ser leísta. ¡Faltaba más!

Da mucho que pensar que se haya modificado la voz aberzale, por la original en euskera de abertzale y sin embargo, se nos invite decir campin, castin, caterin o trávelin (sólo utilizados por los señores académicos).

En fin, estimada RAE, podría extenderme muchísimo más, pero no quiero aburrir. Simplemente, comentarle, para concluir, que cada vez que visito el DPD  para despejar alguna duda y me encuentro con la frase "los dos son válidos, pero ----------- es mayoritario en el uso culto", tan frecuente ahora, para dar cobijo a vocablos que han sido incorrectos hasta hace dos días, me produce una sensación de inseguridad, que no creo que fomente la corrección en la lengua hablada y escrita.

Atentamente,

Mariángeles

PD. Otra novedad, mi nombre y la de todos los compuestos, pueden escribirse en un solo vocablo; no sé la razón, pero así queda.