ME VOY DE BOTELLON, SI USTED ME LO PERMITE

No sé el empeño que la sociedad tiene en repetir, hasta la saciedad, a los que hemos pasado ya del medio siglo, lo que tenemos o debemos y lo que no tenemos o no debemos hacer según el prisma estereotipado existente.

Empecemos por analizar el eufemismo elegido para no llamar vejez a los muchos años, TERCERA EDAD. ¿Por qué tercera, que ya de por sí tiene una connotación despectiva?: vagones de tercera, ciudadanos de tercera, países del tercer mundo, tercera división futbolística y un largo etcétera de terceras, que de largo anuncian algo no demasiado entusiasmante.

El espejo, enemigo sin contemplaciones donde los haya, te recuerda cada mañana que la teoría de la gravedad es implacable. Sales a la calle y consigues engañar a tus neuronas, que están convencidas de que tienen dos décadas menos; pero la euforia dura poco, ahí está la publicidad en los carteles, en la televisión, en la radio: Conchita Velasco, con una abierta sonrisa, te cuenta cómo solucionó el tema de la incontinencia; pasta mágica para pegar la dentadura; sequedad vaginal; el poder de la Viagra, crema anti-age...; todo te hace volver a la realidad y recordarte que si no lo sufres, te queda un cuarto de hora.

¿Por qué ha de haber cosas prohibidas según la edad de la que se hable? No señor, no se le ocurra a usted decir que a los sesenta años va a empezar a estudiar una carrera, porque la gente le mirará convencida de que se ha vuelto usted loco. A la tercera edad no le está permitido ya tener emociones, ni enbarcarse en grandes aventuras, ni enamorarse, ni reìrse hasta desternillarse, ni hacer locuras, ni divertirse, ni soñar, ni desvariar, ni le darán fácilmente un crédito en un banco,  ni le admitirán en una nueva póliza médica, ni podrá suscribir un fondo de pensiones, ni ..... 

No señor, para usted todo eso está prohibido; pero no se preocupe, que esta tarde vendrán sus nietos a visitarle y podrá pasar una excitante fiebre de sábado noche.