Confesiones de una Ex

Por razones que no vienen al caso, fui a misa hace un par de domingos. Hacía bastante, ... que digo bastante, mucho, que no iba a misa, salvo por motivos sociales, como son bodas, comuniones, bautizos, etc., pero esas no cuentan, sólo sirven para criticar el modelito de tu cuñada o a la desvergüenza del escote de la vecina de la novia. Me refiero a las misas de recogimiento, a las misas con olor a incienso, a las misas del mea culpa y amor al prójimo.

Esas eran las misas de mi infancia y hasta bien entrada la adolescencia. De las "cuatro esquinitas tiene mi cama" de antes de dormir, se pasaba a la Primera Comunión, que siempre era un acontecimiento -era como la llegada de los Reyes Magos, pero en primavera-, nadie, creo, era consciente de lo que podía representar. Poco tiempo después, vas cumpliendo, como puedes, con los diez mandamientos, con mayor o menor fortuna; pero aquello de santificar las fiestas pasa a ser algo tedioso, con lo que, por lo visto, por obligación, había que cumplir. Llegada la edad en que socialmente eres un adulto y puedes votar, abortar,...... y eres teóricamente dueño de tus actos; sin pensar mucho, ni traerte muchos remordimientos de conciencia, comienzas a cambiar las misas por los aperitivos de los domingos en Arguelles o la subida a la Sierra en invierno. Sin darte mucha cuenta has perdido el norte de la Iglesia, pero todavía no ha llegado la hora de analizar el porqué.

Un buen día, comienzas tener consciencia de que esa iglesia y lo que representa te son bastante ajenos. Te has convertido en un ex, eclesiásticamente hablando. Como dice el cantar "de quién fue la culpa no quiero saberlo".

Parece ser que estadísticamente el 98% de la población mundial confiesa creer en una fuerza superior, que la mayoría denomina Dios; luego parece fuera de toda duda que el ser humano posee una creencia espiritual intrínseca a él. Sin embargo, resulta paradójico que a la vez que aumenta la fe, disminuyen las prácticas religiosas. No es lo mismo religión que espiritualidad.

Escuchaba, no recuerdo dónde, que el número de seminaristas en España ha descendido un 24,3% en dos años y eso nos lleva a imaginarnos, dentro de un par de décadas, unas iglesias sin ministros y dotadas de máquinas expendedoras de Sagradas Formas o confesionarios tecnológicamente preparados para impartir la penitencia que correspondiere automáticamente.

¿Qué es lo que está fallando en la Iglesia?

¿Quizá sea su anquilosamiento en el pasado, del que mucho tienen que avergonzarse?  No descubro nada a nadie si afirmo que la mayor parte de los papas del medievo fueron acusados de fornicación, incesto, sodomía, hurto y hasta asesinato. Eso, tras los bastidores, pero, ..... cómo catalogar las "heróicas" cruzadas, genocidios masivos en nombre de Dios y con la aquiescencia de todos los estamentos. Pero, no nos remontemos a tan lejanas fechas, qué decir de los curas pederastas en toda la geografía mundial, cuando no hay calificativos que puedan poner nombre a tanta ignominia.

¿Quizás sea su potestad de erigirse en poseedores de la verdad absoluta y juzgar lo que está bien y lo que está mal? ¿Quién es la Iglesia para decidir que un niño no puede ser bautizado, porque sus padres no han pasado por el sacramento del matrimonio?, ¿quién es la Iglesia para apartar de su seno a quien tiene inclinaciones sexuales distintas a las consideradas por ellos ortodoxas?, ¿quién es la Iglesia para obligar a una pareja a convivir de por vida, aunque ello sea un infierno? ¿quién es la Iglesia para ..................? La lista sería interminable.

Si me produce tristeza, pensar en la otra Iglesia -ésta no sé si es con mayúscula o minúscula-. La Iglesia de misioneros sacrificados hasta dar su vida por los demás, la Iglesia de abnegadas monjitas al lado de los enfermos y los que sufren, de Madres Teresas -que hay muchas- y de tantos y tantos para los que el prójimo es más que uno mismo. Esa es la Iglesia que queremos y a la que hay que rendir pleitesía, con tonsura o sin ella; sin anillos obispales, ni palacios papales.