DEL PICÚ AL BOTELLÓN

Continúo, desde hace meses ya, con mi buena costumbre de ir andando de casa a la oficina; si no todo el trayecto, sí gran parte de él. Salgo día tras día a horas tan tempranas, que me permiten no sólo disfrutar de los amaneceres de Madrid, que no son poco premio a mis esfuerzos, sino que en ocasiones, como las de hoy, me proporcionan material para mantenerme reflexionando hasta mi llegada a destino.

En mi itinerario está el cruzar el aparcamiento de la Estación de Chamartín y esta mañana mas parecía un estercolero que cualquier otra cosa. El botellón que ha debido celebrarse allí esta noche ha tenido que ser monumental. Entre bandejas, plásticos, bolsas, vasos, botellas rotas (¿por qué habrá que romperlas, es que forma parte de algún ritual?), cristales por todos sitios y un líquido pegajoso que se te pega al zapato, restos comestibles y no ......, un basurero municipal, escoba y recogedor en mano, contemplaba el panorama sin saber por dónde empezar.

En mis reflexiones y por intentar hallar una justificación a estos comportamientos, recordaba cómo eran nuestros ratos de esparcimiento, en mi juventud, cuando el bolsillo no te permitía hacer dispendios, ni grandes ni pequeños. Se aprovechaba la casa de aquel que sus padres iban al teatro y a cenar alguna noche: ya estaba solucionado el sitio; otro llevaba el "picú" (traducción castiza del pick-up o giradiscos), bueno, miento, en mis tiempos eran ya de tocadiscos, con sus altavoces incorporados y su cierre para guardarlo: solucionada la música; se hacía una colecta y se compraban unos refrescos, alguna cerveza para los más snob y unas patatas; y teníamos ya todos los ingedientes para nuestro "botellón" particular. Por supuesto, media hora antes de la supuesta llegada de los dueños de la casa, estaba todo mas que recogido y no quedaba ni rastro de que allí hubiera habido una fiesta (sobre todo si dichos dueños no habían sido avisados prudentemente por su hijo/a).

Os aseguro que no estoy aludiendo a ninguna nostalgia pueril, ni me rasgo las vestiduras ante esta moda (quizá si hubiera nacido unas décadas antes de lo que lo he hecho, estaría "haciendo botellón" con mis amigos); simplemente es un llamamiento a la juventud para que reflexione sobre que si se es tan hombre o mujer para ciertos comportamientos, lo sean desde el respeto a lo demás (la libertad de uno termina donde empieza la de otro); y al Ayuntamiento de Madrid para que se plantee, como han hecho otras localidades, de crear sitios habilitados, con su buho correspondiente, por aquello del "si bebes no conduzcas", donde no molestarán a nadie; incluso se les podría pedir una simbólica cantidad al entrar para sufragar la limpieza posterior.