De Sorbas a Bédar (Almería)

5 de diciembre de 2010

Tenemos casa en Mojácar desde hace veinte años o más, he perdido la cuenta, y el visitar las Cuevas de Sorbas era una asignatura que teníamos pendiente y me averguenzo de ello.

Hicimos reserva por teléfono (conviene hacerlo en épocas de grandes afluencias, como lo era este puente) y nos dirigimos hacia Sorbas -está muy bien indicado, por la E-15, dirección Almería, salida 514-. Lo primero que debes decidir -desde que haces la llamada para reservar- es el tipo de ruta que quieres hacer. Hay tres: la Ruta básica de hora y media; de baja dificultad, que puede ser realizada por niños o personas mayores, pero con cierta agilidad; la Ruta combinada de tres horas y media, en la que recorres la ruta básica y zonas de más complicación, en las que hay que trepar y atravesar gateras de varios metros; y, por último la Ruta Técnica, de cuatro horas y media, que se desarrolla íntegramente en la Cueva del Tesoro, esto ya son palabras mayores y los participantes utilizan arnés y cuerdas. Se recomienda llevar zapato cómodo, como unas deportivas, con las que se lleve el pie bien sujero y no resbale; en cualquier caso, allí puedes alquilar calzado, incluso monos (de ropa, me refiero). Al llegar, te proporcionan un casco con un foco (os aseguro que es muy útil; más de un chichón me evitó. El precio de la ruta básica es de 13 euros.


Cual libélulas, seguimos a nuestro guía: un simpático chaval, del que desafortunadamente no recuerdo el nombre, pues me hubiera gustado recomendároslo, ya que era francamente bueno y divertidísimo.

Permitidme que os diga que estamos hablando de una de las cuevas kársticas más importantes de Europa, sin duda, con sus más de 50 kms. de galerías subterráneas. Un karst se produce en depósitos de minerales solubles en agua (como el yeso o la caliza), en los que la acción de ríos y agua, va disolviendo la roca y creando cuevas. La poca pluviosidad de Almería ha provocado que el Karst de Sorbas sea de los mejores conservados del planeta.

Durante hora y media recorrimos lo que supongo será una mínima parte de las cuevas, saltando; pasando entre piedras de perfil y sin respirar, pues no hábía sitio para más; incluso reptando, en zonas tan bajas que no era posible ni sentarte. La luz de nuestros cascos coqueteaba con las rocas calizas arrancándoles irisaciones y brillos espectaculares.

Durante el recorrido, nuestro guía nos contó un montón de cosas interesantes sobre las cuevas. El lleva 18 años trabajano en ellas y durante estos años le ha ocurrido de todo. Verdaderamente, si lo piensas antes de entrar, no se si terminas decidiendo hacerlo: un movimiento sísmico, la simple lluvia: a partir de 20 m3/m2 ya penetra el agua en el interior y los ríos subterráneos pueden crecer dejando aislada a la gente.

Al parecer es grande el perjuicio que se hace a las cuevas con la contínua presencia de visitantes (supongo que el cambio de temperatura que aportan los cuerpos no será beneficioso) y la Junta de Andalucía está planteándose el cerrarlas, o dejar una al público, una abierta, como mucho. Actualmente tienen un sistema tecnológico que mide cada x tiempo, la humedad, la temperatura, etc.

Si se desea, puedes comer en el restaurante in situ, que por 10 €, te sirven el menú de día, con postre, pan y bebidas (entre los platos a elegir había típicos de la zona) y comimos bastante bien.

Después de comer, nos dirigimos a Sorbas, que ya es una vieja conocida nuestra, pero volvimos hacer el recorrido que en su día hicimos.

Sorbas
Sorbas se encuentra encaramada en lo alto de una montaña de 40 m. y sus casas cuelgan hacia el barranco, por lo que es conocida como la "Cuenca Chica", en alusión a su similitud con la ciudad manchega; las vistas son espectaculares tanto desde la carretera hacia el pueblo, como desde el pueblo hacia el precipicio, a través de  los varios miradores que hay.

Sorbas es un pueblo de origen Ibero, pero su nombre, que significa "olla de arena" es árabe, posiblemente relacionado con las vasijas de arcilla refractaria que ya en el siglo XI se construían en la zona y cuya tradición aun se conserva en la actualidad. La estructura del pueblo, con sus calles estrechas y empinadas, también es árabe, aunque sus principales edificios y casas señoriales son cristianas y castellanas. En abril de 1570, comenzaron los tratos de rendición, que culminaron con la expulsión del reino de Granada de los moriscos sublevados, con el consiguiente abandono de sus hogares y liquidación de sus propiedades. Según se deduce del libro de «apeos» de Sorbas, la repoblación se llevó a cabo con 50 vecinos que expresamente no pertenecieron al reino de Granada. Los lugares de procedencia fueron muy variados: Jaén, Linares, Toledo, Cazorla, etc., y a todos se les proporcionó vivienda y tierras a cambio del pago de los correspondientes aranceles que por disposición real estaban fijados.

Casa de Alba . Sorbas
La visita puede y debería empezar por la Plaza de la Constitución, verdadero núcleo del pueblo. En ella destacan edificios como la Iglesia de Santa María, antigua Mezquita, la Casa de Alba y el Ayuntamiento. El pueblo entero está salpicado de bellos y típicos rincones, con callejuelas estrechas y casas encaladas y adornadas con flores. Merece la pena deambular por ellas sin ruta fija.

En la visita no puede faltar un recorrido por el Barrio de los Alfareros o Cantareros, donde hoy se sigue pudiendo contemplar, en directo, como trabajan el barro, igual que lo aprendierosn hacer de padres y abuelos, generación tras generación. Todo hacia presagiar que nosotros no tendríamos esa suerte, pues las cuatro de la tarde no es hora de moldear nada y así fue, ..... el barrio estaba desierto.

Juan Mañas
Ya de vuelta, cuando nos disponíamos a subir la cuesta que nos llevaba hasta la Plaza de la Constitución de nuevo, tras recorrer el barrio, fotografiar los hornos árabes y dar un paseo por el campo, con intento fallido de robo de naranja incluido; un viejecito, sentado al sol de un poyete, me llama y me dice que me siente a su lado. Poco a poco, nos va contando su vida, salpicada de múltiples anécdotas.

Su nombre es Juan Mañas; a nosotros poco nos sugería el nombre, pero al parecer es toda una "institución" en el mundo de la alfarería en Sorbas y sus alrededores. Es uno de los poco artesanos que quedan en Sorbas, descendiente directo de aquellos pobladores que llegaron al municipio tras la conquista de los Reyes Católicos. Está casado (conocimos a su mujer de lejos, pues nos dijo que no se hablaba con ella), pero a la hora de hablar de hijos se le humedecieron los ojos y nos contó que tenía dos, pero uno de ellos había muerto muy joven hacia muy poco. El otro, parece que sigue los pasos del padre en la alfarería.

Juan Mañas
Con mucho orgullo nos enseñó una revista que editó hace unos años el Ayuntamiento con un reportaje completo sobre "los Mañas". El artículo, salpicado de fotos color sepia, relataba la vida de esta familia, cuya dedicación al arte del moldeado del barro se perdía en la noche de los tiempos.

Juan nos relataba lo mucho que había trabajado, nos mostraba lo deformadas que estaban sus manos, tras años y años de trabajar con ellas, con frío, humedad,......... Todos los días de su vida en activo, se levantaba a las 6 de la mañana -extrañada de porqué había que madrugar tanto, me contaba que es cuando está la temperatura justa para el barro antes de que empiece a hacer calor-; había que traer la tierra con mulos y con pico y pala, llevarla hasta los talleres; una vez allí limpiarla de piedras y otros materiales hasta conseguir una pasta homogénea que junto con agua serviría para moldear; luego vendría el resto del trabajo como el sobao y el darle forma a cada vasija.


Juan Mañas

Cuando Juan debió cosiderar que eramos gente de bien, cogió las llaves y nos llevó a su taller -hoy regentado por el hijo-, pudimos ver el horno por dentro e incluso sacarnos una foto haciendo el paripé de buena alfarera.

Supongo que habrá sido un gran trabajador y un magnífico artista alfarero, pero de lo que no hay duda es de que era una entrañable y encantadora persona.

Lubrín
Continuando por la Sierra de Filambres, la siguiente parada es Lubrín, pueblo bonito donde los halla. Cuenta con las típicas plaza -la de arriba y la de abajo-, la monumental iglesia de la Virgen del Rosario, el antiguo Lavadero y el Teatro de Sotomayor. Había leído que cerca había pinturas rupestres y de hecho así lo anunciaban en la plaza, pero cuando iniciábamos una ardua subida hacia no se donde, apareció un señor mayor nos dijo que estaba lejísimos y que no había nada de nada, lo que nos hizo desistir de la subida.

Bédar era nuestro último pueblo a visitar, pero llegamos ya de noche. Bédar ha sido una localidad de gran esplendor en el siglo XIX, gracias a la minería: aquí se construyó el primer cable aéreo de Almería que iba hasta el alto horno de Garrucha y a finales de siglo se inauguraría una línea de ferrocarril entre este poblado y el embarcadero de mineral de Garrucha.
Bédar