Madrid Medieval

21 de noviembre 2010

Mañanita de domingo. Salimos dispuestos a hacer una de las excursiones que organiza el Patronato de Turismo, dependiente del Ayuntamiento de Madrid. Se puede hacer la reserva por internet, pero ayer la página de "entradas.com" no funcionaba, por lo que tuvimos que aventurarnos a ver si conseguíamos incorporarnos a alguna de ellas, in situ. Hay muchas y para todos los gustos: el Madrid de los Austrias (Imprescindible I); el Madrid de los Borbones (Imprescindible II); el Barrio de las Letras; el Retiro en bicicleta, etc., etc., creedme que son muy amenas; hemos hecho ya varias.



Por razones obvias hacemos uso del transporte público cuando tenemos que ir al centro y hacia el Metro nos encaminamos. Era seguro que el viaje en sí iba a ser parte entretenida de la jornada, y .... lo fue: una sudamericana, con órgano electrónico y micrófono en mano, nos amenizaría los tres o cuatro minutos que se tardan entre una estación y otra con "........solamente una vez, amé en la vida, solamente una vez y nada más,.........."; una pareja de turistas anglosajones, con abuela y chinita adoptada incluida, daban lecciones de urbanidad a los pequeños ojitos rasgados y con gran complicidad entre abuela y nieta arrancaban una sonrisa a todos; la súbita entrada de un eslavo en el vagón, proporcionó la nota desagradable de la jornada: subiéndose la pernera del pantalón y mascullando lamentaciones en un castellano poco inteligible, nos mostraba una pierna afectada por elefantiasis, de la que múltiples llagas supuraban y nos ponían el vello de punta. Las miradas rápidamente giraban 180º y a esa misma velocidad, la mente de todos y cada uno de los que nos encontrábamos alli, buscábamos aquella justificación que nos sirviera para acallar nuestras conciencias que se rebelaban ante la pasividad general;.......... se baja el eslavo y en la misma estación sube y ocupa su sitio un cómico, de estos que la  crisis, la vaguería, el conformismo o vaya usted a saber qué han hecho que afloren como setas, y que son capaces de permanecer cinco, siete o diez horas inmóviles, disfrazados de las cosas más insólitas y moviendo un músculo por cada céntimo que reciben. En fin, que sin apenas darnos cuenta estábamos ya en Sol. Kilómetro 0 del que parten todas las carreteras nacionales de nuestra piel de toro.

Cuando llegamos a la Plaza Mayor, el aforo de nuestra excursión estaba completo, por lo que "compuestos y sin novio", decidimos aprovechar el viaje y comprar la lotería de Navidad que intercambiaremos con la familia (costumbre "mu española"). Era domingo, pero la Casa del Libro en la Gran Vía estaba abierta; tenía que comprar un libro sobre China y se me encendió la bombilla, .... me habría quedado sin excursión municipal, pero me compraría algo que la supliera: "Explora lo desconocido de Madrid", ejemplar que me proporcionaría rutas desconocidas, no sólo para aquel domingo, sino para algunos días más.

La Gran Vía luce exultante, como si fuera consciente de que es su cumpleaños. Bien es verdad, que a pesar de sus 100 años, se nos muestra lozana, con esa juventud alocada, que no sabe decir que no a nada y va haciendo suyas esas modas y costumbres que le llegan de otras tierras. Gran Vía madrileña, ahora tan castiza, ahora tan cosmopolita, .............., no deja a nadie indiferente.

En nuestro variopinto domingo y por no privarnos absolutamente de nada, nos vimos inmersos, casi sin querer (lo juro), en una manifestación conmemorativa del 20N.

De nuestra recién adquirida guía,  optamos por el recorrido del Madrid Medieval. Deberíamos comenzar situándonos a espaldas de la Catedral de La Almudena, entre ésta y el Patio de Armas del Palacio Real;............ la guía no habla nada de la valla que por obras te prohibe pasar mas allá de la entrada que te lleva a subir a la cúpula de la catedral, ni de la intensa lluvia que comenzó en aquel momento. Todo parecía presagiar que nuestro tour no había sido una buena idea.

Por guarecernos de la lluvia y porque no la conocíamos, esperamos a que terminase la misa y entramos, por la Cuesta de la Vega, a la Cripta de la catedral. Construida en estilo neorrománico, consta de 400 columnas, cuyos capiteles son todos diferentes, y 20 capillas,.... capillas funerarias, además de las decenas y decenas de sepulturas que repartidas por el suelo, son el definitivo lecho de muerte de lo más granado de la sociedad madrileña. Hace años, recuerdo que falleció la madre de mi jefe y para mi sorpresa, iba a ser enterrada en la Catedral de La Almudena, donde la familia tenía sepultura. Al recuerdo de aquello y tras mi visita, he recurrido a internet a documentarme sobre el tema y un muy buen artículo de opinión, publicado por El Mundo, en 2001 y con un título tan llamtivo como:

"RELIGIÓN | ARISTÓCRATAS DEL MÁS ALLÁ
Se vende tumba de lujo en la catedral
CONTRA LA LEY eclesial, unas 100 familias tienen o han pagado el derecho a ser enterrados en templos. En La Almudena las sepulturas se «solicitan» con «donativos» de 20 millones"

me ponía al día sobre esta "especulación inmobiliario-funeraria" (recomiendo vivamente su lectura a quien esté interesado en el asunto).

Bien, volviendo a la cara amable de la cripta, comentar que merece mucho la pena la visita y que entre las joyas que custodia, se encuentra una pintura muy valiosa, fechada a mediados del siglo XIII y conocida como la Virgen de la Flor de Lis. Se especula mucho sobre esta virgen; hay quien dice que es la primera representación de la Virgen de la Almudena; ciertos estudios apuntan a que la cara es la de la mujer de Alfonso VI; la realidad es que no se sabe si la flor de lis es alusión a los Borbones que ni siquiera reinaban aún en España, incluso se habla de que puede que no sea una flor de lis sino un lirio.

Al salir, había escampado ya y decidimos continuar nuestra ruta.

A fuer de decir la verdad, he de reconocer que el Madrid Medieval me decepcionó algo; es un Madrid de pretéritos imperfectos: aquí había, aquí cruzaba, allá empezaba,........ poco, muy poco nos queda ya bien conservado en comparación con otras poblaciones españolas.

Partiendo de este punto, sitio donde Muhammad I decide fundar la ciudad de Mayrit (lugar de abundante agua), con una altura considerable (40 m.) que le permitiría divisar los cuatro puntos cardinales y prevenirlo de cualquier ataque y sobre la ribera de un río, para que no faltase el agua, decide fortifiarla con una muralla y torreones vigías y dentro de ella, la alcazaba y la medina irían tomando cuerpo. Por supuesto, no faltaría la mezquita (situada en las inmediaciones del número 88 de la calle Mayor), ni los hamman. Esta muralla tendría tres puertas de entrada a la ciudad: Alvega, Arco de la almudena y Zagra. La comunidad que en ella moraba (dos o tres mil habitantes) convivían en franca armonía (moros, cristianos y judíos) hasta que, durante el siglo X, la población árabe empieza a notar la amenza cristiana, hasta que entonrno a 1084 y tras haber conquistado Toledo, las tropas castellanas se dirigen hacia Mayrit al mando de Alfonso VI. Cuenta la leyenda que un aguerrido soldado trepó "como un gato" por la muralla hasta conseguir cambiar el estandarte musulmán por el cristiano; a partir de aquel momeno y en honor a aquel soldado, el rey dijo que todo nacido en aquel lugar reconquistado se denominaría "gato".

Con la llegada de los cristianos hubo que fortificar de nuevo la ciudad y se creó una segunda muralla (siglos XI y XII), abriéndose nuevas puertas de entrada a la misma: Puerta de Moros, Puerta Cerrada, Puerta de Guadalajara y Puerta de Valnadú. A partir de ese momento, la buena convivencia entre razas pasaría a ser una simple coexistencia; aquellos moros que decidieron permanecer en lugar de huir a tierras de al-Ándalus, se establecieron en los arrabales o morerías de la ciudad.

Con una gran dosis de imaginación comenzamos nuestro recorrido: justo enfrente de la entrada de la Cripta de La Almudena puede observarse un buen fragmento de la muralla original y de la antigua medina de Mayrit (estos restos son con los que la capital de España muestra su cara más antigua); subiendo la Cuesta de Ramón, se pueden observar dos inscripciones, una en árabe y otra en español que hacen referencia al fundador de Madrid. Esta calle nos llevará, por debajo del viaducto, al Barrio de la Morería, uno de los barrios extramuros en los que fue creciendo la población madrileña y que mantienen la impronta árabe de calles estrechas y zigzagueantes.

A partir de este momento, la guia nos va descifrando la historia de cada una de las calles que ibamos recorriendo y que está reflejada en  los azulejos donde aparece su nombre:

Calle de los Mancebos, alude a dos jóvenes que fueron acusados de la muerte de Enrique I al lanzarle una teja desde el Palacio Episcopal de Palencia, para evitar la boda del monarca con Sancha, hija de Alfonso IX de León, lo que hubiera provocado la unión de los dos reinos. Los jóvenes fueron detenidos y encerrados en la madrileña torre de los Lasso de Castilla, detrás de la Iglesia de San Andrés.

Seguimos por la calle de la Morería hasta la Plaza del mismo nombre, calle del Granado (posteriormente plaza de Merlo en honor a nuestro patrón, San Isidro, que así se apellidaba), de la Redondilla, Cuesta de los Caños Viejos, Plaza del Alamillo, para desembocar finalmente en la Plaza de la Paja, lugar donde los campesinos depositaban los cargamentos de paja que recolectaban de las tierras que trabajan.

Al llegar a este punto hicimos un alto en el camino para comer. Nuestra idea era hacerlo en la Plaza del Alamillo, donde se encuentra uno de los mejores restaurantes mexicanos de la ciudad, pero estaba totalmente lleno y un poco más adelante entramos en La Mordida, otro referente charro en Madrid. Sí, se que os echaréis las manos a la cabeza, pues quizá lo suyo hubiera sido comer un cuscus en algún árabe o, un cocidito madrileño; pero en esta sociedad cambiante, vaya usted a saber lo que terminará siendo una ágape típico de los madriles dentro de unos lustros.


... ahora vestidor, ahora....

.. y este, nuestro espacio.....
En la Plaza de la Paja encontramos la iglesia de San Andrés, que daba nombre a este barrio. Entre sus vecinos  más ilustres, en el siglo XI, tenemos a Isidro Merlo, con posterioridad se convertiría en San Isidro Labrador, trabajaba a las órdenes de los Vargas y se casó con una humilde campesina llamada María y que pasaría a ser Santa María de la Cabeza. En esta iglesia sería enterrado en un principio San Isidro en una capilla aneja mandada a construir por los Vargas (su morador actual es cuanto menos, curioso).

Por esta zona y en casas particulares o terrenos valdíos, se vislumbran los restos de la segunda muralla cristiana.

A continuación de la iglesia de San Andrés y en la misma Plaza de la Paja nos encontramos con la antigua casa de los Vargas y que hoy alberga el Museo de los Orígenes. En su interior, se puede contemplar el pozo milagroso, del que se dice que San Millán, hijo de San Isidro y Santa María de la Cabeza, siendo muy niño calló a él y un milagro hizo que el agua empezara a brotar y brotar hasta sacarlo a flote, vivo y salvo.

Seguimos nuestra ruta: calle del Almendro, calle del Humilladero (lugar devoto donde solía colocarse una cruz), Costanilla de San Pedro, que desemboca en la iglesia de San Pedro, calle del Nuncio, calle de Cuchilleros -debe su nombre a que en ella se establecio este gremio-, en su número 17, aunque no medieval, se encuentra el restaurante en activo más antiguo del mundo, Casa Botín, fundada en 1725. Siguiendo por la Cava de San Miguel, damos de bruces con su recientemente rehabilitado mercado de San Miguel.

Como colofón de nuestro recorrido, pues comenzaba a llover de nuevo y se hacía de noche rápidamente, terminamos en la Plaza de la Villa, antiguo emplazamiento de la parroquia de San Salvador y que hoy alberga no solo la sede del Ayuntamiento de Madrid, sino la Casa de los Lujanes, del siglo XV, una de las muestras de arquitectura civil más antiguas de Madrid.




Once siglos separan la parte superior de la inferior