Tailandia (Capítulo 2)

BANGKOK

Es difícil definir Bangkok y estoy convencida de que es una ciudad que gusta o no gusta en función del tiempo que pases en ella. Es una ciudad que te va calando poquito a poco.

Mi primera impresión, adquirida desde el autobús que nos trasladaba de Pattaya a Bangkok, fue de asombro debido a mi ignorancia: jamás podía haber imaginado que hubiera tantísimos rascacielos en un país como Tailandia, desde donde nos llegan a Europa imágenes de sus idílicas playas, de su colorido Floating Market, de sus calles con motivo de las reyertas entre el ejército y los Camisas Rojas y poco más. Lo que ocurre es que a la par que van desfilando rascacielo tras rascacielo, también aparecen edificios ruinosos y negros por la contaminación, cuando no chavolas; eso sí, con parabólica en el cobertizo.



Teníamos el hotel en una zona muy buena (Sukhunvit); pues bien, todas y cada una de las noches que volvíamos al hotel, nos encontrábamos una rata en la esquina, junto con un montón de cajas y restos comestibles de un puesto de comida que había allí mismo. Ya era nuestra amiga y la saludábamos al pasar.

Es complejo el problema que tienen. El tailandés no tiene horarios de comida; es decir, come cuando tiene hambre y como pasa en la calle la mayor parte de su tiempo, pues es en la calle donde come. Obviamente ello conlleva una cantidad ingente de desperdicios que permanecen en la calle hasta que pasan los servicios de limpieza. Es fácil criticar el tema y pensar que con prohibir los puestos de comida ambulantes se terminaba el problema; habría que pensar no sólo en dar trabajo a toda esa gente que se dedica a la venta ambulante, sino también en proporcionar al tailandés una comida tan barata como puede ser el que toma con la señora de la esquina que no paga impuestos, que compra su materia prima en mercados baratos, etc., etc., y con la que es difícil competir.

Con todo esto no quiero dar una mala imagen de Bangkok. Ya he dicho que Bangkok te va conquistando en pequeñas dosis: cuando recorres su río Phraya, cuando entras a sus fastuosos templos, cuando visitas sus mercados, su barrio chino,…… en fin que al final, sucumbes a sus encantos sin remedio.

En Bangkok estuvimos siete días.

Sábado 31. Llegamos a Bangkok sobre las 17 h. y salvo una primera toma de contacto con nuestro barrio, poco más pudimos hacer. Entre lo que vimos, nos llamó la atención un pequeño santuario, metido entre los aparcamiento de un Sheraton, dedicado a la fertilidad (eso es lo que dice la guía, yo me inclino mas a pensar que es para implorar potencia masculina), Chao Mae Tuptim. Cientos y cientos de falos de todos tamaños y colores.

Domingo 1. Como no podía ser de otra manera, visitamos el mercado de Chatuchak (el mercado al aire libre más grande del mundo), que solo está en marcha los fines de semana.  No dudéis en ir en el Skytrain, que además de permitiros ir viendo la ciudad desde las alturas, al ser un transporte que para el tailandés sale caro, va siempre medio vacío.  El mercado, es algo increíble, calles y calles que se cruzan o que discurren en paralelo, con miles y miles de puestos de todo lo que la mente pueda imaginar.

De noche, cena en el Parque Lumpini. Compras tickets por el importe que quieras, en unas cajas que hay a la entrada y con los que vas pagando en los puestos permanentes que hay alrededor de todo el recinto, con comida de todo tipo. En el centro, multitud de mesas y sillas presididas por un entarimado donde tocan grupos de música pop. Superagradable. Después de cenar y justo al lado, se puede visitar el mercado nocturno de Luan Siam.

Lunes 2. El tráfico en Bangkok es caótico, por lo que no dejaré de recomendar el uso el Skytrain, el metro y el Chao-Phraya Express (barco/autobús que recorre el río Phraya, efectuando paradas en todos sus muelles). En este último nos desplazamos al Gran Palacio, que sirvió de residencia real a los reyes tailandeses desde el siglo XVIII al XX, maravilla donde las halla. Dentro del mismo recinto del Gran Palacio, se encuentra el Wat Phra Kaen (Templo del Buda Esmeralda), objeto de veneración en todo Tailandia y que conjuntamente representan los monumentos más espectaculares de todo el país.
A partir de salir del palacio comenzó a jarrear sin parar hasta el día siguiente (no olvidemos que es época de monzones y,…….es lo que toca). Chorreando y todo nos acercamos a contratar la excursión que haríamos al día siguiente a la calle Kao San, más conocida como “calle de los mochileros”, pues en ella se encuentra todo lo que se pueda buscar hasta altas horas de la noche.


Martes 3. A las 06:30 de la mañana nos
recogieron para hacer la excursión que habíamos contratado el día anterior. Mereció la pena.

A hora y media en autobús desde Bangkok, llegamos al Floating Market. Lo que en su día fue un sitio donde los agricultores llevaban a lo largo del río sus mercancías para venderlas a las ciudades es hoy un mercado mas orientado hacia el turista que otra cosa, pero merece una visita. Terminamos con un paseo por todos los klong o brazos del río, que te muestra cómo viven la gente en la ribera.

La siguiente visita sería al puente sobre el río Kwai, mundialmente conocido por la película que dio fama al episodio de la II Guerra Mundial, en el que los japoneses mandaron construir un puente con prisioneros de guerra ingleses, holandeses y australianos y en cuya construcción murieron más de 200 prisioneros y fue destruido por bombas teleguiadas de la aviación estadounidense en 1945. Tras la guerra fue reconstruido en metal.

Por último, una hora más de autobús y llegamos al Tiger Temple. Sitio con mucha polémica, pues el contacto con los animales es total; se dice que están drogados y puede que sea verdad. El jugar con los baby tigers es una experiencia inolvidable.

Miércoles 4. Bangkok tiene fama por sus centros comerciales y allí que nos fuimos, a la estación de Siam, para llevarnos una idea de lo que eran. Pues bien, uno detrás de otro se suceden, kilométricos centros comerciales a todo lujo. Con que visites un par de ellos, has echado casi el día.

Por la tarde nos dirigimos a la casa de Jim Thomson, arquitecto americano, gran benefactor de Tailandia, del que se ha dicho que perteneció a la CIA y que murió en extrañas circunstancias en Malasia. Es una casa de madera típica tailandesa, con una cuidada decoración. Se conserva tal cual la dejó en vida.

Para variar, empezó a jarrear y nos guarecimos en el edificio Bayoke. Se trata del edificio más alto de Bangkok  -83 plantas + una plataforma giratoria-. Tomar una copa en el bar que tienen en la última planta es para quitar el hipo.

Jueves 5. En Bangkok las distancias son tan grandes, que el tiempo cunde muy poco y si a eso le añades que en esta época llueve casi todas las tardes, el tiempo útil es muy limitado. Como visitas destacables: el Wat Pho, que alberga el  Buda reclinado de 47 m de largo por 14 m. de altura. Sencillamente, impresionante. En un lateral de donde se halla el Buda, se encuentran un montón de recipientes metálicos; hay que coger monedas e ir introduciendo una moneda en cada olla, si te faltan al llegar al final, representa mala suerte, si por el contrario, te sobran, podrás significa que vas a gozar de buena racha. Pero no sólo el Buda y su templo, son impresionantes, sino todos los edificios adyacentes. Dentro de este recinto se encuentra la Escuela Oficial de Masajistas; nos dimos una masaje Thai fantástico –más caro que en cualquier otro sitio de la ciudad, pero se supone que más profesional-.

Como curiosidad, la cena que hicimos en el Mercado del Marisco, estaba a dos calles de la nuestra, pero andando fueron más de 2 kms.. Un local muy grande donde eliges el pescado o marisco que quieres, junto con la verdura que quieras y ordenas cómo deseas comerlo. Te lo llevan a la mesa a los diez minutos.
Viernes 6. Nuestro amigo Phraya-bus y a visitar el Wat Arun, precioso templo budista decorado todo con trozos de la cerámica que se recogía en los barcos que trasladaban vajillas de China a Occidente y se rompían por el camino. Majestuoso.

Palacio Vinmakmek, está considerado como el palacio de madera de teca dorada más grande del mundo. Fue retiro veraniego de la realeza y mandado reconstruir por la actual reina y en él celebra todavía ciertos actos personales.

Wat Benchamabophit o Templo de Mármol, uno de los más bellos templos de Bangkok.

Chinatown. Pintoresco barrio creado por la población emigrante china, repleto de gente y caótico. A pesar de todo es un barrio seguro y en él conviven los puestos de toda índole: ropa, comida, restaurantes, etc. repletos de vida a cualquier hora del día.

Para terminar el día, dimos una vuelta
 por Patpong, zona de vida nocturna, bares, prostitución, travestismo,…… Sinceramente, debía ser pronto, pues ni comparación con la Walking Street de Pattaya.

Sábado 7. Hoy recogeríamos el coche alquilado en Avis y con el que nos encaminaríamos hacia el norte del país. Sólo decir que cogimos el coche sobre las 12:30 h. y estábamos cogiendo carretera a las 16:00; todo se nos juntó: tráfico caótico, el diluvio universal, paso de autoridades con parada en seco durante una hora, dificultades de conducción (coche automático, conducción por la derecha, en fin,…. Desde aquí un urra a Manolito (mi maridín) que salió airoso de la prueba.).