Tailandia (Capítulo 3)

Sábado, 7 de agosto. Esta semana empezaba la parte más emocionante del viaje. Hasta aquel momento, todo estaba organizado y previsto al milímetro, a partir de ahora, todo era una incógnita.

Pasado el escollo de la salida de Bangkok, los 80 kms. que nos separaban de Ayutthaya eran coser y cantar. Al poco de nuestra llegada, entre la desorientación y las dudas sobre a qué hotel dirigirnos, -optamos por el Hotel Ayutthaya que estaba muy bien situado y nos pareció barato,.... posteriormente, nos daríamos cuenta de que podríamos haber dormido por la mitad, pero...... era nuestra primera noche y había que pagar la novatada (en entrada aparte desglosaré todos los gastos y temas prácticos del viaje, que puedan servir a futuros visitantes, por lo menos durante este año y antes de que se queden obsoletos)-, nos sorprendió la noche, por lo que al reclamo del "night bazar Hua Haw" y mapa en mano, nos encaminamos hacia allí.

El night bazar eran unos cuantos puestos, a los que Tailandia ya nos tenía muy acostumbrados, pero para nuestra sorpresa, mirabas a lo lejos y las vistas no podían ser más extraordinarias: el río y en la margen contraria, un Wat todo iluminado reclamaba nuestra atención. No lo dudamos, nos sentamos en un chiringuito allí mismo y disfrutamos de una buena cena. No lo dudéis en Tailandia comes igual de bien en sitios a todo lujo que en los más modestos.

Era una noche cerrada, aunque los templos estaban muy iluminados; quise dar un paseo por la almendra central (donde están concentrados casi todos), pero al Indiana Jones que me acompañaba le dio canguelis y me quitó la idea. Terminamos tomando un roncito en una terracita cerca del hotel y se nos sentó en la mesa una Tailandesa "mu echá pa lante, ella", que nos contó toda su vida e incluso me previno: "ten cuidado, en Tailandia las mujeres no respetan el que un hombre vaya con pareja; se lanzan a la conquista sin importarles nada" ???????? No se si su prevención era bienintencionada, pero por si acaso, gentil sonrisa a lo tailandesa, pago de cuenta (la nuestro claro) y adios muy buenas (a mi Manolito, ni tocarlo).
Wat Mahatat (Ayuthaya)

Domingo 8 de agosto.

Ayutthaya es una isla entre tres ríos, lo que a través de la historia le ha conferido una posición estratégica, tanto como defensa natural como red de comunicaciones. Siempre ha sido un estado guerrero y durante los siglos XVI y XVII vivió una época de gran esplendor, hasta que los siglos siguientes trajeron enfrentamientos con los ejércitos birmanos que la redujeron a cenizas: sus estatuas de oro fueron fundidas y sus monumentos destruídos. Ayutthaya nunca volvería a levantar cabeza.

Seguíamos un poco despistados y optamos por alquilar un tuk-tuk que nos enseñara los wats principales. El cuarto de hora de rigor de regateo y cuando ya estabamos de acuerdo, nos suelta que si no nos importa, sería su mujer la que nos llevaría en coche, pues él tenía que hacer otra cosa: salimos ganando, pues de esta manera gozaríamos de aire acondicionado entre wat y wat.




 La primera parada sería al Wat Mahatat, centro espiritual más importante de la antigua capital. Aquí, como cualquier turista que se precie, vamos como posesos buscando la famosa imagen de Buda labrada entre las raíces de un baniano que aparece en casi todas las imagenes propagandísticas de la zona.

Es justo decir que aunque resulta difícil imaginar la riqueza que debió haber en estos templos, hay que reconocer que el esfuerzo de restauración y el cuidado de los monumentos actualmente es más que aceptable.



Wat Phra Si Snphet (Ayutthaya)
Wat Phra Si Sanphet, donde el elemento más representativos son sus tres chedi (edificación que contiene reliquias sagradas) en forma de campana y que son el símbolo de la ciudad. El Wat Ratchaburana y el Wat Phra Ram, son dos más de los imprescindibles dentro de la almendra central. Recomendaros que lo podéis hacer pefectamente con vuestro coche -andando las distancias son demasiado grandes-, pero por no nucho dinero es más cómodo que os vayan llevando, sin preocuparos de dónde aparcar.

No dejéis de terminar vuestra visita sin ver algunas muestras de los templos que se encuentran a la orilla del rio, como el Wat Phanan Choeng, que alberga una  imponente figura de Buda sentado de 19 m. de alto, protector de marineros y viajeros y muy venerada para los tailandeses (la leyenda cuenta que lloró lágrimas durante el asalto de la ciudad en 1769). Los fieles acuden a diario a ofrecer sus chales de color azafrán para ganar indulgencias, y un hombre, encaramado en los muslos del Buda se encarga de ir colocandolos sobre sus hombros. Y, por supuesto, el Wat Chai Wathannnnaram, una de las joya de Ayutthaya, mandada a construir por el rey Prasar para celebrar su coronación.

Hay muchos más, anque sólo os mencione los más importantes (los que ví, pues verlos todos supondría dos días en la localidad).

Quiero puntualizar a mi lector que aunque no lo viéramos, merece la pena conocer el Museo Nacional y el Kraal de los elefantes (los paquidermos, tras ser capturados, pasaban al Kraal, donde se les adiestraba para que fueran útiles en la guerra o en el transporte, hoy en día es una atracción turística, pura y dura).

Era medio día cuando dejábamos Ayutthaya. A medio camino de nuestro siguiente destino y como los estómagos empezaba a llamar nuestra atención diciendo que existían, paramos en plena carretera, en una especie de restaurante construido en pequeñas cabañitas en lo alto de árboles. Comimos bastante bien, a excepción de una "ensalada de papaya" que picaba horrorosamente,.... imposible terminarla.

Lopburi

Lopburi
Lopburi era el próximo destino. He de reconocer que no había muchas cosas que me llamaran la atención de esta localidad tras leer las decenas y decenas de relatos de viajes en los distintos foros de la red, pero al leer que se trataba de una población tomada literalmente por los simios, mi curiosidad no pudo resistirse a ver aquéllo. Divertidísimo. Es impresionante y no dejo de preguntarme como sus habitantes tienen luz, teléfono, etc., pues los cables son sus columpios preferidos. Deambulando, dimos con un Wat que estaba teóricamente cerrado, pero en su interior vimos gente y nos aventuramos a entrar; el guarda, por una módica cantidad, te dejaba entrar, te sacaba fotos con los monos y los mantenía a raya para que sus juegos con los visitantes no pasaran a mayores. Tenías que tener cuidado, pues cualquier cosa que ellos presupusieran que podía ser comestible, no te daba tiempo a reaccionar,...... te habías quedado sin ello.

Llegamos ya de noche a Phitsanulok, donde buscamos un hotelito céntrico, para visitar la ciudad a la mañana siguiente.

Lunes 9 de agosto

En Phitsanulok no quise detenernos mucho, pues quería llegar con tiempo a Sukhothai que me interesaba más, pero había un wat que recomendaba la guia, Wat Phra Si Ratana Mahatat. Ségún cuentan las crónicas el propio rey Li Thai fundó este templo en 1357 y se libró de milagro del incendio que destruyó toda la ciudad. Es un centro de peregrinación con gran arraigo entre los tailandeses. En sus puertas se concentran vendedores ambulantes de toda clase alimentos o artículos religiosos. No dejes de admirar los paneles de las puertas de madera de ébano con incrustaciones de nácar y, por supuesto, el Phra Phuttha Chinarat, magnífico Buda que es una obra maestra de esta ciudad.


Wat Nang Phaya (Phitsanulok)
Si has venido hasta esta parte del río a visitar el Wat Phra Si, sigue un poquito más y entra en el Wat Nang Phaya, que no goza del valor artístico del primero, pero que tiene la autenticidad de las creencias de la gente de pueblo. Habrá muchas cosas que te llamen la atención: una sala llena de antiguas biciletas, radios, etc.; un baniano al que debes subir por una escalera y bajar por otra siete veces para tener buena suerte, los palos chinos que predicen el porvenir,.....(aún no salgo de mi estupor, pues me predijeron "que si me casaba con un viudo, tendría una vida colmada de atenciones y felicidad,......... glup).

Pero el destino estrella de este día era Sukhothai y allí nos dirigíamos. Patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1991, fue capital del reino de Siam y conoció siglos de esplendor hasta su decadencia a partir del siglo XIV. La nueva Sukhothai, lugar donde el viajero dormirá si es que va a pernoctar aquí, dista 12 kms. de la ciudad histórica.

Sukkothai
El parque histórico, que está amurallado tiene un extensión de 70 km2. A la llegada pagas, según vayas andando, en bici o en coche. Es muy cómoda la visita, te dan un plano y en tu coche vas, de wat en wat. La visita completa, extra e intramuros, te puede llevar una jornada entera, nosotros optamos por ver lo más representativo.

La visita a la Ciudad Real es un disfrute para todos los sentidos;  más de doscientos templos se conservan de la edad de oro de Sukhothai y de ellos, los más representativos se encuentran en el recinto de la Ciudad Real, rodeados de románticos estanques cubiertos de flores de loto. No hay que dejar de visitar el Wat Mahatat, centro espiritual de la ciudad, reservado a la familia real; detrás del edificio principal; el Si Mahatat, con un chedi monumental en forma de capullo de loto, construido por el rey Li Thai para depositar en él un  pelo y una vértebra de Buda traída de Sri Lanka. Otras muestras que merecen una visita son el Wat Si Sawai, el Wat Traphang Ngoen, Wat Sa Sri. Que al lector no le abrumen tanto nombres, ............ no cansan; cada templo tiene su encanto.

No nos quedamos a dormir en Sukhothai, pues pretendíamos llegar a la mañana siguiente con tiempo para ver el baño de los elefantes en el centro que pensábamos visitar y éste era a las 08:30 h., por lo que seguimos hasta Lampang donde nos alojamos en un hotelito céntrico.

Martes, 10 de agosto

Aquella mañana madrugamos mucho para estar a las 08:30 en el Centro de Conservación del Elefante, a 32 kms. de la ciudad de Lampang y a 77 kms. de Chiang Mai. Este centro tiene varios objetivos, por un lado aleccionar a los pequeños elefantitos a trabajar, ya sea acarreando maderos u otros tipos de trabajo del campo; curar a los elefantes heridos o enfermos; dar asilo a los que por su edad ya no sirven a nadie;.......... y al mismo tiempo, pues eso, montar estos shows que les vienen muy bien para sufragar gastos.


A las 08:30 los cuidadores (mahouts) llevan al río a los elefantes
 para su baño diario; realmente mereció la pena venir antes, para ver el espectáculo, pues es eso, todo un espectáculo. Una vez cumplido el ritual del baño se pasa al show. Se que cualquier comentario que pueda hacer resultará manido, pero es inevitable, es un espectáculo para verlo. Cuando os digo que el cuadro que veis aquí, lo hizo un paquidermo solicitando los distintos pinceles que necesitaba para cambiar de color a su cuidador, creedme que fue así y que es solo una pequeña muestra de la cantidad de "monerías" que saben hacer. De el show, se pasa a dar una vuelta en elefante (1/2 hora, 1 hora,... se paga en función del tiempo), atravesando el río, subiendo y bajando cuestas considerables,.... (también mereció la pena). Como colofón, se puede visitar el centro, con su hospital, su escuela, su enfermería, etc. Creo que hacen una buena labor.

A partir de ese momento, debíamos decidir si parar en Chiang Mai e ir subiendo progresivamente o hacerlo a la inversa, llegar hasta Chiang Rai e ir bajando poco a poco, y optamos por esto último.

Conforme vamos subiendo hacia el Norte vamos encontrando gente que ni chapurrea el inglés. Paramos a comer por el camino y tras varios intentos infructuosos, le hicimos señas a la persona que nos atendía de que nos trajera lo que quisiera: "puñito cerrado llevándolo y retirándolo de la boca suavemente", que es lo más internacional que hay, y debimos ser muy esplícitos, pues comimos muy muy bien.

Chiang Rai
Chiang Rai es la provincia más septemtrional de toda Thailándia y una de las zonas más rurales de todo el país . Chiang Rai capital es una población pequeña, pero con encanto. La gente es, si cabe, más amable todavía que en el resto del país. Ibamos a estar dos noches y los hoteles económicos recomendados por la guia estaban ocupados, por que decidimos subir un escalón y alojarnos en un hotel 4 estrellas (Diamond Park Inn Resort), donde estuvimos de maravilla. Entre los encantos de Chiang Rai, se encuentra su night bazar (como no), con sus placitas y sus restaurantes al aire libre en los que te ofrecen el espectáculo de turno. Era nuestro entretenimiento de todas las noches. Era pequeño, pero siempre habría algo que llamara tu atención.

Miércoles 11 de agosto

El día anterior habíamos contratado una excursión que incluía la visita a las Tribus del Norte, almuerzo (extraordinario, por cierto), visita al Triángulo de Oro y a un antiguo templo. A las 8 de la mañana, nos recogia en el hotel una vanette con dos chicos y una chica (el guía, el chofer y la novia del chofer), debíamos recoger a unos japoneses que no pudieron ir, pues estaban malitos "de la muerte", por lo cual, excursión en exclusiva para nosotros dos.

La visita a las Tribus del Norte fue una desilusión. Bien es verdad que a estas alturas del partido no pensaba encontrar nada virgen (si no fuera por los visitantes, los nativos vestirían a la manera occidental), pero el turismo es su forma de ganarse la vida (antes lo era el cultivo de opio). Las tribus al norte de Tailandia tienen origen birmano o chino (meo, karen, miren, akha, lisú...). Los viajeros pueden elegir entre visitar el poblado durante unas horas o quedarse dos o tres días en la jungla y supongo que los que eligen esta opción, vivirán más auténticamente la experiencia; pero cuando decides ir de excursión durante unas horas te llevan a un sitio entre las montañas, donde recorriendo no más de 200 m. entre una y otra te van mostrando viviendas, escuelas y gentes de distintas etnias -clarísimamente preparado para el turista-. A pesar de todo, resultó interesante, pues te ilustra con personajes vivientes una realidad que está a unos pocos kilómetros de distancia. De entre todas las tribus  la que más llama la atención, por razones obvias, es la de los Paduang o "mujeres jirafa". Su exposición como atracción turística ha sido denunciada por asociaciones como la Liga de los Derechos del Hombre, ya que los pueblos se convierten en zoos humanos que se incluyen en la mayor parte de los circuitos turísticos. Estas mujeres se someten al estiramiento del cuello (prohibido en Birmania y Tailandia), a partir de los cuatro o cinco años (la tradición era que sólo lo podían llevar a cabo las niñas nacidas en miércoles de luna llena, pero hoy en día ya lo hace quien quiere) se les aplica una crema hecha con grasa de perro, leche de coco y jalea real, para a continuación colocarles el primer anillo. Cada año se les irá añadiendo uno o dos anillos más para que el alargamiento sea progresivo, hasta que la joven se casa. Algunas mujeres llevan hasta 28 anillos.Hay que tener en cuenta que para las mujeres es un honor, ya que el alargamiento del cuello se considera símbolo de belleza.

Golden Triangle
Tras la visita a las tribus, seguimos por una carretera francamente mala, pues la principal estaba cortada por obras, hacia la frontera. El Triángulo de Oro es la confluencia de tres países, Tailandia, Laos y Myanmar (antigua Birmania), y el río Mekong separándolos. El nombre no sólo es un punto geográfico sino que era y es mundialmente conocido por su comercio del opio -más de la mitad del opio que se consume en el mundo procede de esta zona, aunque Thailandia se ha retirado del comercio gracias a las ayudas y patrocinio que la madre del Rey está proporcionando a los agricultores para su sutitución por otro tipo de cosechas, por lo que el comercio del opio se ha quedado en Myanmar y Laos. El nombre de oro es debido a que el opio en aquellas epocas se vendia a precio de oro y se pagaba con Oro . Las vistas son espectaculares.

Como complemento, también se visita el museo del opio; un poco "casero", pero no por ello menos interesante.

Finalmente, nos llevaron a un antiguo templo del siglo XVI y vuelta a Chiang Rai

Jueves, 12 de agosto

Lloviendo como si no hubiera llovido nunca, dejábamos Chiang Rai, por poco tiempo como os contaré más adelante y nos dirigimos a Chiang Mai. Al poco tiempo dejó de llover y disfrutamos del camino (haciendo honor a mi blog) y paramos a medias de él a comer, en plena selva, en un restaurante, cuando menos, original.

A la llegada a Chiang Mai, conseguimos habitación en el hotel recomendado por la guía y pasamos una tarde tranquila: piscinita y,....... por la noche,.......... el rey de los mercadillos. El Night Bazar es impresionante, no se si en los tres días que pasamos allí, terminaríamos de verlo todo.

Viernes, 13 de agosto


Coche. Carretera. Chiang Mai dirección Chiang Rai. El lector avezado se estará preguntando si ya estábamos en Chiang Mai que haciamos yendo hacia el norte de nuevo. Bien, se ha tratado de poner a prueba la paciencia de mi maridín. Resulta que al llegar a Chiang Mai me di cuenta de que un Wat que tenía sumo interés en ver y que creía que estaba en Chiang Rai, donde estaba era en Chiang Rai; por lo que 250 kms. de ida y 250 kms de vuelta para poner solución a mi despiste. Mereció la pena volver, os lo aseguro.

A unos 12 kms. de Chiang Rai se encuentra el Wat Rong Khun o Templo Blanco, que aún está en construcción. Su constructor, Chalermchai Kosipipat, seguidor de Gaudí y de mucho renombre en Asia lleva dedicando toda su vida, desde 1997, a ver terminada su grandiosa obra dedicada a Buda.

El templo es completamente blanco y jalonado de pequeños espejos, que le hacen relucir en días soleados. Todo en él es un simbolismo puro. Miles de manos parecen gritar que los salves de los sufrimientos del infierno, mientras vas cruzando el puente que te conduce al interior del templo.

Como todo es sorprendente en este Wat, el interior presidido por una efigie de Buda, nos muestra unas paredes con frescos aun sin terminar que representan un sin fin de simbólicas imagenes que representan la lucha del hombre entre el bien y el mal: las torres gemelas atravesada por un avión, un embrión humano tipo Mátrix, naves de Star Wars; un enorme Buda con la efigie de Bill Laden y George Busch -el bien y el mal enfrentados- (el papel que representa cada uno es de libre ínterpretación).

Sábado, 14 de agosto

A 16 kms. al norte de Chiang Mai se encuentra el monte Doi Pui de 1.685 m. de altitud. Una sinuosa carretera lleva hasta la cima, donde se encuentra el Wat Doi Suthep. 360 escalones flanqueados por dos serpientes conducen a la puerta del templo. Se puede subir por la escalera o por un funicular; lo ideal es subir por el funi y bajar por la escalera.  Es uno de los templos más venerados de Thailandia. Riadas de gente acuden a diario para venerar sus imágenes. El atrio de entrada normalmente está amenizado con grupos folk y, sin embargo, en el interior, se masca el misticismo por los cuatro costados. Todavía llevo puesta una pulserita de algodón que me puso un monje.

Domingo, 15 de agosto

Hoy, poco tengo que contar. Por la mañana se me ha ocurrido ir al mercado auténtico, donde los ciudadanos de Chiang Mai llevan a cabo sus compras  y, como era de esperar, hay tantas y tantas cosas que llaman tu atención, empezando por la fruta y terminando por los bichitos fritos, pues eso,........ que perdimos casi todo el día. Pero se dice que en vacaciones hay que tener tiempo hasta para perderlo, asi que,....... misión cumplida.

Lunes, 16 de agosto

Nos despedimos con penita de Chiang Mai, donde hemos pasado unos días muy agradables y relativamente tranquilos. A medio día, al aeropuerto, devolver el coche y vuelo a Phuket.

La llegada a Phuket,...... esto ya es tela de la próxima entrega.